el apunte

El efecto placebo de la Gran Regata

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Estamos escasos de alegrías, esperanzas y optimismo. A qué negarlo. Las pequeñas satisfacciones cotidianas parecen menguar aunque, en realidad, existen en número similar para un grupo amplio de ciudadanos. Desgraciadamente, cada vez menor. Los que ahora se permiten cualquier mínimo capricho, lo que siempre fue darse una vuelta con una mínima consumición, lo hacen con un punto de remordimiento porque todo parece derroche. Parece que para tomarse una cerveza hay que tener antes un debate con la conciencia por si ese euro tendría mejor uso más adelante.

En ese estado de ánimo colectivo, las citas como la Gran Regata 2012 aparecen como una excusa perfecta para recordar que siempre hubo estrecheces y siempre fueron necesarios los ratos para apartarlas.

El Ayuntamiento de Cádiz maneja la cifra de un millón de visitantes para una cita histórica. Por primera vez, ocupará todos los muelles y reunirá medio centenar de barcos, una cifra insólita incluso en este tipo de grandes eventos. Los responsables municipales hablan, con prudencia preventiva, de superar el deslumbrante recuerdo colectivo de 1992 e incluso ampliar las cifras de 2006, las dos grandes regatas que permanecen en el recuerdo de todos.

Ojalá el cálculo sea acertado por lo que tendría de tregua y alivio para comerciantes, para hostelería y servicios, incluso para esa tristeza que parece instalada en la mayoría de la sociedad. Como reflexión añadida, ya propuesta en distintos foros por distintas personalidades, cabe además la posibilidad de plantear que este tipo de regatas se conviertan en evento fijo, anual, cada verano en Cádiz, con lo que su atractivo estético se transformaría en un valor activo para el sector turístico local.