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Sociedad

La crisis ata aún más a los jóvenes a la casa de sus padres

Siete de cada diez veinteañeros vive con sus progenitores, lo que retrasa la formación de la pareja y el nacimiento del primer hijo

D. R.
MADRID.Actualizado:

Los jóvenes no se marchan de casa y no es solo por la crisis. Años atrás, cuando había dinero, trabajo y posibilidades, tampoco se marchaban de casa. En 2007, solo el 44,8% de los veinteañeros estaba fuera del techo de sus progenitores; ahora la cifra está en el 44,1%. Es decir, la crisis no ha incidido tanto en abandonar el nido. «No se iban de casa por varios motivos. Uno de ellos era el cultural. Estamos acostumbrados a que se vayan de casa con la casa y la pareja», explicó Almudena Morena, profesora de Sociología de la Universidad de Valladolid. Otra de las causas, que ha descubierto la crisis, es la precariedad laboral. «Copaban los puestos de trabajo más precarios y los empleos temporales. Por eso entonces tampoco se podían marchar. Lo que ha hecho la crisis es demostrar esta situación: que antes, y menos ahora, podían dejar la casa de sus padres», apuntó Antonio López, catedrático de Trabajo Social y Servicios Sociales de la UNED. Los dos profesores han plasmado sus reflexiones en el informe 'La transición de los jóvenes a la vida adulta. Crisis económica y emancipación tardía', patrocinado por la Fundación La Caixa.

Los autores insistieron en que los contratos temporales, como están ahora, son una trampa mortal para los jóvenes. Se remitieron a la Encuesta de Población Activa, que recoge que estos tipos de empleos suponían el 46,6% del empleo total en 2011 y el 58,6% de los jóvenes ocupados entre 15 y 24 años tenían un contrato en 2010 frente al 21,1% de los daneses, por ejemplo. Esta precariedad provoca, según los autores, que hasta los jóvenes que trabajan no puedan independizarse. El 18,7% de los jóvenes ocupados entre 30 y 34 años y el 43,9% de los de 25 a 29 años todavía vive con sus padres.

Los dos profesores defendieron en la presentación del estudio que la mala coyuntura económica lo que ha hecho es acentuar la pauta de emanciación tardía entre los jóvenes españoles. La edad media del abandono del hogar familiar se sitúa alrededor de los 29 años. En cambio, en otros países como Finlandia se produce a los 23 años. «Hay cultura de emancipación. Las familias ayudan a sus hijos a marcharse de casa porque apoyan esa idea», comentó la doctora Moreno.