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Un hombre pasea en El Cairo delante de carteles electorales con las imágenes de los candidatos Mohamed Mursi (arriba) y Abdel Moneim Abul Futuh. :: MAHMUD HAMS / AFP
MUNDO

El Islam entra en la campaña de las presidenciales egipcias

Los principales candidatos intensifican la presencia de la religión en sus discursos para atraerse el voto salafista

PAULA ROSAS
EL CAIRO.Actualizado:

«El Corán es nuestra Constitución y la 'sharia' nuestra guía». Los coros de los jóvenes seguidores de Mohamed Mursi, el candidato de los Hermanos Musulmanes, conseguían a duras penas alzarse por encima de la música en un reciente mitin frente a la Universidad de El Cairo. «No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta», proseguían, entusiasmados. En el escenario, varios jeques, entre ellos el muy popular y populista telepredicador salafista Safwat Higazi, ensalzaban las bondades del candidato. Se habló de educación y de economía pero, sobre todo, se habló, y mucho, de religión.

El apoyo que el islamista Abdelmoneim Abul Futuh -el rival que puede pescar en la misma piscina de votos que Mursi- ha recabado entre partidos salafistas como Al Nur o la Gamaa Islamiya, ha convertido la carrera presidencial en una competición por demostrar quién tiene las credenciales islamistas más limpias. La campaña de Mursi, apoyada por la solvente cofradía musulmana, ha sacado la artillería pesada y en sus mítines se empieza a escuchar, ya sin ambages, que «no aceptaremos una alternativa a la 'sharia', el Corán es nuestra Constitución y siempre lo será», como señalaba el candidato en este mitin de Guiza en un esfuerzo por conseguir votos entre las filas salafistas.

La sociedad egipcia es, por lo general, conservadora y religiosa, y muestras de fe como que los mítines políticos comiencen con la bendición de un clérigo, algo que en Europa dejaría a más de uno boquiabierto, es en Egipto algo tan común que lo practican hasta los candidatos laicos como Amro Musa, el ex secretario general de la Liga Árabe. La 'sharia', además, ya está en la actual Constitución como «fuente principal del derecho», artículo que pocos egipcios quieren cambiar. Pero este despliegue de conservadurismo islámico de los candidatos puede tener un trasfondo más político que religioso.

«Los salafistas de Al Nur quieren convertirse en un partido grande y fuerte y consideran que los Hermanos Musulmanes, si consiguen la presidencia, pueden suponer un obstáculo», explica Yusri Azzabewy, analista del centro Al Ahram de Estudios Políticos y Estratégicos. Esta rivalidad ya se hizo visible durante las elecciones legislativas de finales del año pasado, donde ambas formaciones islamistas se cruzaron acusaciones e improperios.

Esta misma semana, en un encuentro entre Abul Futuh y el mayor movimiento salafista de Egipto, la Dawah Salafista -cuyo brazo político es Al Nur-, el portavoz de la formación política, Nader Bakkar, aseguró a los presentes que «Abul Futuh no se preocupará de vuestras actividades en las mezquitas porque no tiene detrás una organización o un partido que quiera competir con vosotros por el mismo espacio». Con estas palabras, Bakkar apenas se esforzaba por ocultar sus divergencias con Mursi y los Hermanos Musulmanes.

En la propia Hermandad están convencidos de que las diferencias que han llevado a Al Nur a decantarse por Abul Futuh «son más políticas que ideológicas», asegura Dina Zakaría, una de las fundadoras del Partido Libertad y Justicia, la marca electoral de la cofradía. «Él quiere aplicar un programa político personal, mientras que nuestro proyecto no es el capricho de una persona, sino el trabajo de más de 80 años de los Hermanos Musulmanes en Egipto», explica Zakaría.

Integridad en duda

Si a un candidato se le puede conocer por sus seguidores, el caso de Abdelmoneim Abul Futuh es ciertamente desconcertante. El hecho de que a este hombre, que abandonó los Hermanos Musulmanes el verano pasado después de 30 años, le apoyen tanto liberales como salafistas hace a algunos dudar de su integridad.

«Pensaba votarle, pero el apoyo de los salafistas me confunde. ¿Qué les habrá prometido para que le sigan con tanta vehemencia?», se pregunta Rami Mohamed, un estudiante de informática que intentaba la semana pasada buscar respuestas en el debate televisivo que enfrentó a Abul Futuh y a Musa. No es el único. El popular escritor Alaa al-Aswani reflejaba esta semana en Twitter la desconfianza de muchos: «Tenemos que conocer qué ha prometido Abul Futuh al partido Al Nur para conseguir su apoyo».