¿QUIÉN DEFIENDE AHORA A BANKIA?
Actualizado: GuardarCuando hace solo unos días, el FMI señaló a diez entidades españolas con dificultades, pero incursas en procesos de reestructuración, quiso referirse sin nombrarla, aunque sin que tampoco quedase duda, a Bankia. El FMI, la institución que el propio Rato dirigió, estaba poniendo bajo la lupa el balance de la entidad, pero también su gestión y gobierno. No hacía falta, pero ahora, la dimisión anunciada por el exvicepresidente y exministro de Economía, aclara cualquier duda. Si acaso, el presidente de Bankia, tuvo la deferencia de dejar que su colega en aquel Gobierno de Aznar y actual presidente del Gobierno, declarase ayer en una cadena de radio que el próximo viernes aprobará un Real Decreto Ley para, pocas horas después, presentar su dimisión.
Del mismo modo que lo ocurrido con el FMI, pocas dudas van a caber respecto a que la legislación que saldrá del Consejo de Ministros del viernes estará pensada y diseñada teniendo en cuenta las necesidades del gran buque que capitaneaba Rato. Bankia es el único de los cuatro grandes conglomerados financieros españoles que es producto de difíciles matrimonios celebrados más por necesidad que por interés, formando una amalgama entre cajas, alguna de las cuales como la alicantina CAM ha resultado ser un trago demasiado difícil de digerir. Ni las fusiones, ni la salida a bolsa en tiempo récord, ni el recurso a la enorme capacidad de distribuir papel en cualquiera de sus formas que tiene el sistema financiero español entre sus depositantes y clientes han podido salvar a Bankia de aquello que más intentó su presidente, aparecer ante el mercado, sus clientes, sus accionistas y la sociedad, como una entidad incapaz de salvarse a si misma. La sentencia está escrita. Nadie tiene la culpa de que las condiciones hayan sido tan adversas, y que lejos de remediarse se hayan agravado, pero en esta crisis, que no respeta a nadie, es posible que ningún otro gestor que no hubiese sido Rato se hubiese arrogado la capacidad de sacar adelante lo que ha resultado ser, también para él, un engrudo de digestión imposible. Bankia era Rato, y ahora que Rato abandona, es posible que a Bankia no le quede ya quien la defienda.