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El árbitro González González discute con Soldado durante el Valencia-Barcelona. :: J. C. CÁRDENAS / EFE
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El Barça pasa de víctima a beneficiado

El Valencia acusa a Rosell de influir con sus quejas en el colegiado que no señaló la mano de Pinto en Mestalla Los azulgrana creen ahora necesario protestar por los arbitrajes

P. RÍOS
BARCELONA.Actualizado:

Nadie se preguntó quién influyó en el colegiado madrileño Velasco Carballo para que no señalara dos penaltis clamorosos a Messi en Mestalla en el partido de Liga que acabó 2-2. Tampoco se sospechó de ninguna influencia hacia el cántabro Fernando Teixeira Vitienes cuando anuló un gol legal al argentino por fuera de juego inexistente de Keita en la única derrota del Barça en Getafe (1-0). Y tampoco hubo ninguna mención al verbo influir el día que el castellano y leonés Turienzo Álvarez no pitó las manos del espanyolista Raúl Rodríguez bajo palos tras remate de Pedro (1-1).

Todas ellas fueron jugadas en los últimos segundos de tres partidos en los que los errores privaron al equipo de Pep Guardiola de cinco puntos que igualarían la Liga con el Madrid, que ahora lleva siete de ventaja. Sin embargo, para justificar un fallo evidente -como los anteriormente citados- del castellano y leonés González González el miércoles en la Copa en Mestalla, sí ha habido quórum. No señaló la mano de Pinto fuera del área en el minuto 18 que le hubiera supuesto la tarjeta roja directa porque no quiso, influido de forma determinante por las críticas al colectivo arbitral del presidente del Barça, Sandro Rosell, el día anterior.

«La cosa no pinta bien. A ver si se equilibra», dijo Rosell sobre las decisiones de los colegiados. Desgraciadamente, ha tenido más impacto esa frase matinal que no llegó a ocupar 15 segundos el martes que los 45 minutos vespertinos de Pep Guardiola defendiendo la limpieza del deporte y la honradez de los árbitros. Posiblemente, González se hubiera equivocado igual sin las palabras de Rosell, como le pasó a Velasco, Teixeira y Turienzo, pero el castigo para el presidente azulgrana es que se dude de un resultado (1-1) con el que un buen Barça, en vías de recuperar sus mejores sensaciones, se acerca a la final de Copa. Y lo peor es que hasta algunos barcelonistas opinaran el miércoles que «el que no llora no mama», recordando lo bien que le va a José Mourinho su lamento continuado desde hace un año y medio. No, no pinta bien, pero el fútbol español en general. No los arbitrajes.

De poco sirve que Pinto reconociera: «Le di entre el sobaco y la mano al resbalar». O que Guardiola admitiera: «Sí, me han dicho que es mano y roja». El Valencia, peleón, pero sin brillo, incapaz de crear más ocasiones al Barça que la del gol de Jonas, se agarrará a la influencia de Rosell. Su presidente, Manuel Llorente, lo vio claro: «Parece ser que hay que hablar de los árbitros porque hay dos equipos, el primero y el segundo de la Liga, a los que no tienen valor para tomar decisiones. Esos equipos se tiran toda la semana condicionando».

Sin protestar

Soldado también habló de los árbitros y de las influencias: «Aquí cuando habla nuestro presidente y se queja de árbitros no se tiene en cuenta, pero no me extrañaría que las palabras de Rosell influyeran en la decisión del árbitro de no pitar esa mano muy clara que ha podido condicionar el partido. Ha pasado delante del árbitro y no ha tenido el valor de pitarla. Es lo que tiene el Barcelona. No se ha atrevido a pitar esa falta tan pronto». Y Jonas, preguntado por si creía que el árbitro había visto la acción pero que no se había atrevido a pitarla, contestó con un escueto «sí».

En los análisis del Valencia sobre el encuentro no se valoraron las constantes faltas que recibió Messi, quien ha acostumbrado al mundo del fútbol a correr sin protestar con jugadores cogiéndole de la camiseta durante tres o cuatro metros sin recibir tarjeta, y a veces ni falta. Messi, campaña de acoso y derribo al margen de sus rivales y de la opinión pública por decir que «los árbitros son unos soberbios», se fue de Mestalla más cabizbajo que nunca tras fallar otro penalti (el segundo de la temporada) y no encontrar la inspiración futbolística ni goleadora. Esa debería ser la preocupación de Rosell: animar a Messi. Sin su mejor versión, no solo peligrará la Liga para el Barça, sino también la Copa y la Liga de Campeones. Vale más la pena dedicarle un tiempo al argentino que a los colegiados. Afortunadamente para el Barça, Guardiola lo sabe.