El pistolero belga temía volver a prisión
El día de la masacre de Lieja el asesino, un coleccionista de armas en libertad condicional, debía declarar en comisaría
BRUSELAS.Actualizado:Todavía con un nudo en la garganta, Bélgica empieza a aclarar las incógnitas de la matanza de Lieja. Nordine Amrani, el pistolero que el martes segó la vida de cuatro personas y dejó heridas a otras 120 en el centro de la ciudad, temía volver a prisión. El mismo día de la masacre tenía que acudir a comisaría para responder por una denuncia de agresión sexual, una comparencia que le «atormentaba realmente». Su abogado explicó ayer que estaba «bastante inquieto» por la cita con la Policía, aunque nunca pensó que podría causar un baño de sangre. En libertad condicional desde finales de 2010, el asesino, que se suicidó de un balazo en la frente, era un coleccionista de armas que reunió un verdadero arsenal.
Amrani, un soldador de 33 años vecino de Lieja, tenía un largo historial judicial. En 2003, ya fue condenado a una primera pena de cárcel por agresión sexual. Sus antecedentes se ampliaron de forma notable un lustro más tarde, cuando fue detenido con 2.800 plantas de cannabis. El pistolero había montado un potente negocio de producción de hachís en un recinto interior en el que cultivaba la sustancia con calefacción y lámparas halógenas. Al parecer, habría realizado una inversión superior a los 225.000 euros. Los agentes pudieron capturarle tras recibir una denuncia anónima y vigilarle estrechamente a través de escuchas telefónicas.
La investigación no solo permitió desmantelar la factoría de cannabis. Durante sus pesquisas, los agentes descubrieron su gran afición: las armas. Amrani escondía en un taller de su propiedad un arsenal que incluía un lanzacohetes, un fusil de alta precisión con mira láser y cientos de cartuchos. Además, se hallaron 9.500 piezas de todo tipo de armamento y accesorios como los silenciadores que él mismo fabricaba. Según el diario 'Le Soir', muchos traficantes de drogas prefieren comprar sus armas por partes y volver a montarlas al recibirlas para dificultar su detección.
«Te quiero, mi amor»
Amrani fue condenado por la plantación de cannabis y por tenencia de armas a más de tres años de cárcel. Ayer, sin embargo, la Fiscalía admitió que solo cumplió la pena por las drogas. En 2009, se libró del otro castigo por un «problema técnico». En el transcurso del proceso, Bélgica cambió la legislación vinculada con las armas y el asesino salió beneficiado. A finales de 2010 logró la libertad condicional, una resolución que el Ministerio de Justicia analiza actualmente. Una vez en la calle, fue acusado nuevamente de agresión sexual y el martes tenía que acudir a declarar a comisaría.
El abogado del tirador, Jean-François Dister, desveló que la cita con los agentes le tenía bastante «nervioso», pero no más que en ocasiones anteriores. «Estaba bastante inquieto por la posibilidad de volver a la cárcel. Creo que la idea le atormentaba realmente», contó a la televisión RTL. Aunque todavía no se han confirmado las causas de la matanza, la ministra de Interior, Joëlle Milquet, también reconoció que temía «ser enviado a prisión». En cualquier caso, sí ha trascendido que el lunes ingresó una cantidad de dinero en la cuenta de su compañera con un mensaje que recuerda a una despedida. «Te quiero, mi amor. ¡Buena suerte!», rezaba.
El avance de las investigaciones ha desvelado que el asesino inició la masacre en su propia casa. Allí, mató de un disparo a la empleada de hogar de su vecino, una mujer de 45 años. Los especialistas intentan esclarecer si fue violada. Tras este primer crimen, Amrani se dirigió en su coche a la plaza Saint-Lambert, ubicada en el corazón de Lieja. El asesino lanzó cuatro granadas en la glorieta y se cebó con una concurrida parada de autobús en la que esperaban decenas de personas. Armado con un fusil de asalto, también disparó a la multitud que huía aterrorizada. Herido tras el estallido del último artefacto, se voló la cabeza con un revólver.
La masacre causó cuatro muertos y 123 heridos, cinco de ellos de extrema gravedad. Entre los fallecidos se encuentran Gabriel, un bebé de 17 meses que murió en brazos de su madre, y dos adolescentes que acababan de realizar los exámenes previos a las vacaciones. Ayer, los colegios en los que estudiaban organizaron distintos homenajes y decenas de jóvenes se acercaron a la plaza a honrar su memoria con flores y mensajes conmovedores. «Unidos somos más fuertes», decía uno de ellos. La matanza, sin embargo, pudo ser de una dimensión todavía mayor. En la misma glorieta se encuentra instalado el tradicional mercado de Navidad, el más grande de Bélgica y visitado por miles de personas. El martes cerró por los fuertes vientos que azotan al país estos días.