Agonía italiana
Actualizado:Si Silvio Berlusconi se atuviera al sabio aserto italiano según el cual «una hermosa muerte honra toda una vida» habría anunciado su dimisión como jefe del Gobierno hace ya dos semanas, cuando su famosa carta de quince páginas con las medidas de austeridad y severa disciplina fiscal parecieron en Bruselas más un ejercicio retórico lastrado por su debilidad política que un plan creíble. Porque tal cosa, una crisis política y parlamentaria con una mayoría que ha dejado de serlo con el puñado de deserciones en su campo, es lo que vive Italia. Y eso se resuelve con otro Gobierno de consenso que, dada la urgencia de la situación solo puede ser tratada por un Ejecutivo de transición, de tono técnico y administrativo. 'Il Cavaliere' se excedió un poco más todavía ayer al tildar de «traidores» a los diputados listos para abandonarle y desmintió que pensara renunciar. Pero es poco probable que pueda superar la crisis, con una Liga Norte que prefiere mantener su posición a ayudar lealmente al ajuste inevitable en nombre de un populismo fuera de lugar. Berlusconi debe dejar paso a un Gobierno nacional interino porque Italia vive horas muy peligrosas.