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Una avenida de El Cairo muestra ya carteles de propaganda para las elecciones legislativas, las primeras que se celebrarán en la era postMubarak. :: KHALED ELFIQI / EFE
MUNDO

El Ejército egipcio quiere poder eterno

Las pretensiones de los militares para tutelar el futuro del país escandalizan a las fuerzas políticas y socialesLa Junta que sucedió a Mubarak plantea una lista de principios supraconstitucionales que podría conducir «a una nueva revolución»

PAULA ROSAS
EL CAIRO.Actualizado:

La junta militar egipcia quiere tener un papel político en el futuro del país y que ese rol no sea cuestionado por el Gobierno, la presidencia o la misma Constitución. Los militares, según la propuesta de principios supraconstitucionales presentada ayer, se convertirían en una suerte de cuarto poder en Egipto, que no tendría que rendir cuentas a los poderes elegidos democráticamente.

La mayor parte de las fuerzas políticas y sociales egipcias, islamistas y laicas, han puesto el grito en el cielo al conocer la propuesta y amenazan con movilizaciones masivas si, como es previsible, la junta militar vincula por decreto esta lista de principios a la futura Constitución egipcia.

El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) ha coqueteado con referencias al Ejército turco como modelo a seguir desde que tomó el poder el día que Hosni Mubarak abandonaba por la fuerza la jefatura del Estado. La idea de un estamento militar que vele por una serie de principios supraconstitucionales, ajenos a si el gobierno de turno es radical islámico o laico, sedujo en un primer momento a algunos en Egipto, especialmente a partidos seculares y grupos revolucionarios que temen que los islamistas quieran convertir al país en una nueva teocracia como Irán. Estos principios protegerían, aseguraban, una serie de derechos fundamentales.

Lo que algunos no aventuraban entonces es que el Ejército intentaría asegurarse sus cuotas de poder en esta suerte de 'carta de derechos' a la egipcia. El texto presentado ayer por el viceprimer ministro del Gobierno egipcio interino, Ali el-Selmy, efectivamente protege los derechos humanos básicos como el de expresión o el de libertad religiosa, algo que ya recoge la Constitución actual. Pero también blinda al Ejército en el control de todos los asuntos castrenses, ya que el artículo 9 asegura que «solo las Fuerzas Armadas tendrán el derecho a discutir asuntos relacionados con las Fuerzas Armadas o su presupuesto», que se presentará al Parlamento sin desglosar. El próximo presidente solo podrá declarar la guerra «después de obtener el consentimiento de la CSFA», prosigue el artículo.

Asamblea designada

Algunos analistas interpretan este apartado como una declaración de intenciones de cómo la junta militar va a transferir el poder al Gobierno civil. En lugar de disolverse, «se convierten en un cuarto poder al mismo nivel -y no por debajo- del Ejecutivo», apunta Issandr el-Amrani en su reputado blog político 'The Arabist'.

Posiblemente el punto que más ha enfurecido a los islamistas, que esperan conseguir una amplia mayoría en el Parlamento, es el que especifica cómo se designará la Asamblea constituyente que redactará el año que viene una nueva Constitución. Esta asamblea no saldrá de la Cámara de Representantes sino que será designada por la CSFA y sus miembros procederán de diversas instituciones religiosas islámicas y cristianas, de organizaciones de derechos humanos, sindicatos, cámaras de comercio e incluso -y sorprendentemente- federaciones deportivas. Este documento «viola la voluntad del pueblo», dijo ayer Mohamed Saad el-Katatni, líder del partido de los Hermanos Musulmanes, Libertad y Justicia, quien aseguró que si estos principios supracontitucionales se aprueban finalmente -como todo parece indicar-, «nos conducirá a una nueva revolución».