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MILENIO

CIUDAD CALIDOSCÓPICA

JUAN TEBA
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Granada, como Sevilla, es una ciudad dual. Para lo bueno y lo menos bueno. La dualidad de Sevilla procede de centurias atrás y es generalmente conocida. También Granada, pero en un espacio más íntimo. En Granada la guerra civil fue un drama que afectó a la mayor parte de la población, mientras que la dualidad sevillana está más enmarcada en el tiempo y en el espacio. Un río legendario, glosado por poetas y matarifes de tópicos de la cultura local tan cargada de espacios equívocos, lugares comunes manoseados y una realidad superficialmente equívoca, mientras en Granada todo es más diáfana y, también, más dramática.

La coalición IULV-CA ha designado al poeta ganador del premio Adonais de poesía (1958), Luis García Montero, como número uno de la candidatura de las listas de la coalición de izquierdas por Granada, por su obra 'El jardín extranjero'. Curiosamente, el hermano Juan de Luis García Montero, es igualmente poeta, pero con una visión conservadora del arte, de la vida y las relaciones humanas. En realidad, Luis García Montero se relacionó tempranamente con los círculos progresistas de su ciudad y a partir de ahí conoció estrechamente al poeta gaditano, Rafael Alberti, que acabó introduciéndolo en la élite de la intelectualidad nacional. La hermandad de los dos hermanos, Luis y Juan, cada uno desde su esfera vital de percepción de la realidad, completaron, a nivel familiar y público, la dualidad local de su ciudad.

En puridad, más que dual, la realidad granadina es calidoscópica: entrañable e íntima desde ciertos espacios de la percepción compleja y versátil de una ciudad que se antoja melancólica en la primera impresión. Desde ahí, desde tales reflejos, efectivamente, es calidoscópica. Pero no le afecta a su intimidad real y dispersiva en lo íntimo. Lo que resulta extemporáneo es que una ciudad como Granada con tantas sombras huidizas y tantos diálogos convertidos en susurros por la naturaleza, sea capaz de mantener en la intimidad la necesidad de ajustar cuentas con la historia y sus verdugos.

Es otra dimensión de la realidad, todo como más sutil, mostrando aparentemente una posición de espera hasta conseguir el visto bueno de la historia para, hay que repetirlo, ajustar cuentas.