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Tusk quiere hacer historia

Los liberales del jefe del Gobierno polaco buscan hoy frente al derechista Kaczynski conseguir por primera vez dos victorias consecutivas

PACO SOTO
VARSOVIA.Actualizado:

Los polacos están llamados hoy a las urnas para renovar el Parlamento. La Plataforma Cívica (PO) del primer ministro centrista y liberal Donald Tusk lleva cuatro años gobernando Polonia junto con el PSL (heredero del histórico Partido Campesino, de centroderecha) y, según la mayoría de las encuestas, se perfila como ganadora de las legislativas. Pero el ultraconservador Derecho y Justicia (PiS) de Jaroslaw Kaczynski, hermano gemelo del difunto presidente Lech Kaczynski, ha conseguido recortar distancias y contempla también la posibilidad de una victoria.

Donald Tusk, que cuenta con el apoyo de gran parte de las clases medias urbanas de centroderecha y de un sector del electorado de centroizquierda, aspira a hacer historia porque, si es reelegido, sería la primera vez que un partido gana dos elecciones consecutivas en el país. Tusk ha estabilizado la vida política interna, además de fortaler la integración de Polonia en la Unión Europea, y se ha reconciliado con Alemania y Rusia, los dos grandes 'enemigos' de los gemelos Kaczynski.

La situación económica es buena, el país no ha sufrido recesión y es el Estado que más dinero recibe de la UE, pero el déficit y la deuda pública representan una amenaza para el futuro económico. Las desigualdades sociales no han disminuido significativamente, los servicios públicos como la sanidad están al borde de la ruina y los emigrantes no pueden regresar por los bajos salarios y la falta de estabilidad laboral.

Reformas pendientes

El Gobierno de Tusk tampoco ha sido capaz de llevar a cabo las reformas estructurales que necesita Polonia para ser más competitiva. «La macroeconomía va bien, pero se han hecho pocas reformas. Los gobernantes no han aprovechado la bonanza económica para dotar al país de un tejido productivo competitivo, y hay mucho descontento social, sobre todo entre los jóvenes que no encuentran trabajo», explica la politóloga Anna Sroka.

Frente a una Polonia que triunfa, hay otro país instalado en el descontento y el pesimismo. El mensaje de los liberales no llega a esa Polonia popular, empobrecida, conservadora y clerical. El de la izquierda tampoco. El PiS, que lleva más de un año y medio sembrando dudas sobre el origen de la tragedia aérea de Smolensk -en la que murieron el presidente Lech Kaczynski y otros 95 representantes del Estado-, tiene su granero de votos en esa Polonia popular que no se ha visto beneficiada por el cambio capitalista. Los electores del PiS suelen ser más disciplinados que los de centroderecha y centroizquierda. Tusk lo tiene en cuenta, y sabe que su victoria está amenazada por el descontento y la apatía política que reinan en un sector importante de sus votantes.

La campaña electoral ha sido, como señala el periodista Mariusz Borkowski, «de una gran mediocridad. No ha habido debate, solo promesas y ataques, sobre todo por parte de los dos principales rivales, PO y PiS. Ningún partido se atreve a hacer propuestas concretas y realistas, ni a defender las reformas que el país necesita».

El PO defiende un programa basado en la reducción del déficit y el mantenimiento del crecimiento, y asegura que necesita un segundo mandato para culminar la modernización de Polonia. Se presenta como la mejor garantía para que el país centroeuropeo logre este objetivo y utiliza el miedo al PiS para movilizar a su electorado.

Los ultraconservadores, que cuentan con el apoyo de una parte significativa de la jerarquía de la Iglesia católica, defienden una agenda más populista y sostienen que la situación económica es «catastrófica». El jefe del PiS utiliza la tragedia de Smolensk para ganar votos, pidiendo que se aclaren «las verdaderas circunstancias» del accidente aéreo.

La cita electoral se juega entre PO y PiS. Los dos campos político-electorales y los medios que los apoyan están en pie de guerra. Y la incomunicación entre ellos es total. La mayoría de las encuestas avanzan una participación inferior al 50%. «Todo puede pasar en Polonia», vaticina el diario 'Polska The Times'.