CARNÉ DE POBRE
Actualizado: GuardarLas autonomías que se nieguen a cobrar a los más ricos de la localidad el impuesto de patrimonio van a perder cientos de millones. No es de extrañar: a las personas pudientes siempre se les ha intentado quitar algo, pero en vista de las dificultades, se opta al final por arrebatárselo a los que no tienen dinero. La historia se repite, pero no en forma de farsa, sino de estafa. Los verdaderos ricos no dan de aquello que les sobra y los pobres dan de lo que les falta.
Quizá debiéramos preguntarnos por qué, en un país tan pequeño como España, hay tantas comunidades, cada una de su padre y de su madre, pero ninguna de la madre patria. La unidad de la nación estuvo mal soldada por los Reyes Católicos, quizá porque entonces aún no se había inventado el pegamento que ahora permite juntar las piezas de un jarrón roto. Aunque no quede nunca igual, visto a distancia, parece nuevo. Hay miniestados reacios a pagar el resurrecto impuesto de patrimonio. Solo cuatro de las 17 comunidades se aprestan a apoquinar, pero las que se nieguen a hacerlo dejarán de recibir del Estado 2.100 millones de euros. No se sabe de dónde sale tanto dinero, pero lo peor es que se ignora de dónde entra.
El mundo está al revés. Brasil, China, India y Rusia se disponen a ayudar a Europa para paliar la crisis. Benedicto XVI ha sido demandado ante la Corte Penal Internacional de La Haya por crímenes contra la humanidad. Se le acusa de «encubrir y permitir» abusos sexuales. Los clérigos cacorros le están costando una fortuna en indemnizaciones a la organización, pero lo más preocupante es que deserten los ricos. Hasta el expresidente de Castilla-La Mancha, señor Barreda, plusmarquista de facturas sin pagar, quiere conseguir el carné de pobre. Sin examinarse.