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La explosión causó un gran boquete en el muro de seguridad que custodia la base. :: M. NASER / AP
MUNDO

Los talibanes 'celebran' el 11-S con un ataque contra la OTAN en Afganistán

Fallecen cinco civiles afganos y 77 soldados de EE UU resultan heridos al explotar un camión bomba frente a una base militar

EDER PÉREZ GARAY
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La explosión de un camión cargado de bombas frente a una base militar de la OTAN en Afganistán dejó a última hora del sábado pasado un reguero de sangre en la céntrica provincia de Wardak. Al menos una niña y cuatro lugareños que trabajaban en el complejo murieron, y más de 100 personas resultaron heridas, entre ellas 77 efectivos estadounidenses.

El atentado se produjo la víspera del décimo aniversario de los ataques del 11-S, a pesar de que los jefes militares de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (Isaf) habían dado órdenes de extremar la vigilancia. Los controles no evitaron que un terrorista suicida talibán aparcara una camioneta para el traslado de leña, típicas en la zona, a orillas del muro protector de la base.

Gracias al vallado que resguarda las instalaciones, la detonación causó muchos menos muertos de los que habría deparado su fuerza en un lugar abierto. Algunos edificios quedaron despojados de sus fachadas, y las ventanas reventadas del despacho de un político local trufaron las calles de cristales rotos.

Cuando el fragor de la explosión se disipó, las fuerzas del orden y las ambulancias tomaron la zona para evacuar a los heridos y fallecidos al hospital más cercano. Entre los muertos hay una niña que se encontraba a casi un kilómetro del complejo militar. Fue alcanzada por la metralla de la explosión.

La Alianza Atlántica no facilitó información personal sobre los heridos, si bien confirmó que la gravedad de tres de ellos obligó a trasladarlos a Kabul, la capital, no demasiado distante de la provincia. «77 miembros de la fuerza liderada por la OTAN -todos estadounidenses- resultaron heridos, aunque la vida de ninguno de ellos corre peligro», informó la organización por medio de un comunicado. La detonación también golpeó a 25 civiles afganos.

Los talibanes reivindicaron el ataque a través de una nota en que acusaban a Estados Unidos de haber utilizado los ataques del 11 de septiembre como pretexto para invadir Afganistán. No es la primera vez que atentan en esta provincia empobrecida de mayoría pastún, donde los islamistas han sacado provecho de la debilidad del Gobierno local y del desgaste de las tropas internacionales, que cuentan los días que restan para su repliegue completo en 2014.

El repliegue

En Wardak se produjo, por ejemplo, el mayor golpe asestado al Ejército norteamericano en casi diez años de misión, cuando un helicóptero Chinhook fue derribado en agosto por una granada lanzada por los talibanes. Murieron 31 soldados estadounidenses y siete afganos.

La OTAN, por su parte, insiste en que el número de bajas ha caído progresivamente desde que en 2008 se registró un repunte de la violencia en el país centroasiático. Barack Obama, en vista del éxito que supuso el incremento de tropas en Irak ordenado por su predecesor, aceptó al poco de asumir el cargo desplegar 30.000 soldados adicionales en Afganistán, con una premisa innegociable: en cuanto la estrategia surtiera efecto, debería iniciarse el repliegue de los efectivos y entregarse el mando a las fuerzas locales. En junio, tras haber dado caza a Osama bin Laden, el presidente anunció finalmente el regreso gradual del Ejército.

Ayer, la Embajada estadounidense en Kabul acogió un acto en homenaje a las víctimas del 11-S, donde el ministro de Exteriores afgano expresó su apoyo a la «batalla compartida» entre naciones contra el terrorismo. Entre tanto, varias explosiones segaron la vida a más de diez personas en distintos puntos del país.