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Un Seat 600 luce una de las primeras matrículas del modelo de placas que se estrenó en 1971.
Sociedad

Coches de ninguna parte

Las matrículas sin distintivos provinciales cumplen once años

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Hace una decena de años los automovilistas que salían de vacaciones un día como hoy podían identificar sin ningún esfuerzo a sus vecinos de atasco en la operación salida. Bastaba echar un vistazo a la matrícula para saber de dónde procedían los ocupantes del coche que circulaba por delante. Era un recurso que daba mucho juego, sobre todo cuando los viajes eran largos y los más pequeños se impacientaban. «A ver quién es el primero que ve un coche de Zaragoza», trataba de despistar el cabeza de familia en cuanto escuchaba el temido '¿falta mucho para llegar?'. También permitía fomentar complicidades en territorios alejados de la patria chica (aquellos bocinazos a modo de orgulloso saludo) e incluso cultivar fobias que no podían faltar en el currículo de cualquier conductor: «¡De (elíjase el lugar) tenías que ser, so desgraciado!», era una imprecación bastante común en la época.

La implantación hace once años del modelo de matrícula europeo dio al traste con los distintivos provinciales que desde el inicio de la motorización habían estado presentes en las placas de los coches españoles. Triunfaron las tesis más pragmáticas avaladas por el sector de los concesionarios, que llevaban años demandando la desaparición de cualquier signo de identidad de las placas. Los vendedores de coches de segunda mano alegaban que la venta en Madrid de un coche matriculado en Cataluña, por poner un ejemplo, comportaba una dificultad añadida que muchas veces se traducía en una merma del precio. Hubo un intento por parte del nacionalismo catalán de añadir a las nuevas matrículas un distintivo con el signo de cada comunidad pero el PP, que entonces gobernaba con mayoría absoluta, optó por cerrar filas en torno a la solución que defendía el sector comercial del automóvil.

En otoño de 2000 los distintivos provinciales desaparecieron definitivamente de las matrículas. El coche que estrenó las placas europeas fue un Mercedes descapotable, en realidad un clásico, que en su origen lucía matrícula de León pero que pasó a ser el primero de la nueva serie -0000-BBB- cuando fue adquirido por un aficionado alavés. Casi once años después, los vehículos que aún conservan matrículas con el distintivo provincial constituyen una minoría (no llegan al tercio del total del parque móvil). La renovación de las matrículas ha simplificado a buen seguro el trabajo de los vendedores de coches de segunda mano pero también ha hecho más aburridos los viajes por carretera, sobre todo cuando entre el pasaje abunda la grey infantil.

Pese al tiempo transcurrido, hay sectores que siguen sin aceptar que la única identificación que figura en las matrículas actuales sea la E de España. Cada cierto tiempo surgen iniciativas que apuestan por incorporar señas de identidad locales en las placas. Se trata de un fenómeno que tiene especial incidencia en Cataluña y que estos días ha vuelto a primera línea de la actualidad después de que el portavoz de la Generalitat hiciese un llamamiento a colocar sobre la E de todas las matrículas una pegatina de CAT. «Echo de menos que la gente se ponga el CAT en las matrículas. Yo particularmente en mi coche llevo la pegatina sobre la E. No es ilegal», dijo Francesc Homs. Fueron los propios Mosos d'Esquadra los que tuvieron que apagar la mecha encendida por el político catalán al aclarar que el Código de Circulación prohíbe explícitamente cualquier manipulación de las matrículas originales.

Los temporales que cada cierto tiempo sacuden las aguas de la política catalana a propósito de la identificación de los coches cuestionan la idoneidad del modelo escogido. En Francia hubo un debate similar hace tres años y al final se impusieron los partidarios de añadir a las matrículas un identificador territorial compuesto por el número y el logotipo de departamento. Paradojas de la cosa pública, en la cuna de los jacobinos, defensores de un poder fuertemente centralizado, terminaron triunfando las tesis de los regionalistas que se habían organizado en torno a una asociación denominada 'No sin mi departamento'. Pese a que la introducción de la franja azul con el logotipo de la UE representaba sobre el papel una oportunidad para homogeneizar el formato de las matrículas europeas, la realidad ha vuelto a demostrar lo difícil que es acabar con los usos y costumbres de cada país. En Alemania, Austria o Italia, por ejemplo, las placas incorporan referencias a la región o la ciudad origen del vehículo mientras que en Bélgica, Portugal o Países Bajos solo recogen caracteres aleatorios que no dan pistas de su procedencia.

La placa de Hamilton

En el Reino Unido existe la posibilidad de adquirir matrículas personalizadas en subastas promovidas por la propia Administración. Algunas pujas se realizan a través de internet y llegan a alcanzar cifras desorbitadas. La placa CEO 1 (acrónimo de chief executive officer, es decir, jefe) se vendió por 112.000 euros. El piloto de F-1 Lewis Hamilton pagó hace tres años más de 258.000 euros por una matrícula en la que se leía LEW 1S, algo así como 'Lewis first' o 'Lewis el primero'. Pero donde la excentricidad adquiere dimensiones casi grotescas es en países como los Emiratos Árabes Unidos, donde la matrícula que lleva el número 1 fue subastada por algo más de 12 millones de euros.

Las matrículas, como se ve, son para muchos automovilistas algo más que un simple medio de identificación de su vehículo. Hay coleccionistas que tienen las paredes de sus casas adornadas con centenares de placas procedentes de todo el mundo y que son capaces de pagar fortunas por piezas poco comunes. Un joven húngaro ha llegado a recopilar más de 11.000 matrículas de 133 nacionalidades.

En algunos países la matrícula se asigna al conductor, de forma que este mantiene la numeración de la placa aunque renueve su vehículo. Así sucede en muchos lugares de Estados Unidos, donde cada estado tiene su propio formato de matrícula. Los márgenes de maniobra son allí tan amplios que estados como California o Illinois se han llegado a plantear la introducción de publicidad como vía para obtener nuevos ingresos. California ha proyectado unas placas electrónicas susceptibles de emitir anuncios cuando el coche permanece más de cuatro segundos parado. La fórmula ha recibido fuertes críticas porque se cree que contribuiría a despistar a los conductores. En Illinois, por su parte, planean una publicidad más convencional con anuncios estáticos que convivirían con la numeración de la matrícula. El asunto ha suscitado una viva controversia pero, de momento, no hay ninguna decisión en firme.