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OPINIÓN

INSULTO A LA INTELIGENCIA

La permisividad con la 'okupación' de Valcárcel es el último gran ejemplo de la dejación y desvergüenza de los políticos

IGNACIO MORENO BUSTAMANTE
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Hoy se cumplen tres semanas de la 'okupación' del edificio Valcácercel. Hace 21 días, unos cuantos indignados, cansados de dormir a la intemperie en El Palillero, decidieron tomar al asalto uno de los edificios más emblemáticos, sino el que más, de Cádiz. Por la cara y con la colaboración inestimable y el asesoramiento de alguien de 'dentro' de la Diputación, que les informó perfectamente de los trámites burocráticos en los que se encuentra el inmueble. Trámites que les han permitido burlar la ley a su antojo, ya que a día de hoy no tiene un propietario claro. Ellos lo sabían y, con una estrategia perfectamente calculada, se colaron dentro y allí siguen. Organizando talleres, actuaciones y asambleas como Pedro por su casa.

Acciones como esta desvirtuan a todo un movimiento, el del 15M, que tiene un germen más que digno y respetable. Lo que se gestó una semana antes de las elecciones municipales en las calles de diferentes ciudades debe seguir vivo porque puede sentar las bases de algunos cambios más que necesarios en nuestra forma, la de casi todos, de entender el sistema en el que vivimos.

Sin embargo, cuando lo que queda es la imagen de unos cuantos 'abanderados' de la libertad y la democracia durmiendo en un edificio protegido por la misma cara, es que algo ha fallado en el planteamiento inicial.

En cualquier caso, el problema no son ellos. No son los que allí moran, sino los que se lo permiten. Lo ocurrido en Valcárcel es un auténtico insulto a la inteligencia de la ciudadanía. Una de las mayores muestras de sinvergonzonería política de los últimos años. Y eso que ya era difícil superar algunos episodios recientes.

Todos y cada uno de los políticos que tienen algo que hacer o decir al respecto han mirado para otro lado de una forma descarada. El edificio, por resumir, pertenecía a Diputación, que le vendió el uso a una empresa privada para que construyera un hotel. La crisis, una vez más, hizo su trabajo y al poco tiempo de adquirirlo, dicha empresa -Zaragoza Urbana- decidió que no le interesaba el proyecto. Eso significaba que, trámite arriba, trámite abajo, Diputación volvía a ser la dueña del inmueble. Pero entre que si sí y que si no, estas personas se colaron dentro para no salir.

La solución, en teoría, era fácil. Hola qué tal, su reivindicación está muy bien, tienen ustedes más razón que mil santos y es una vergüenza que esto esté abandonado. Pero tienen que desalojar porque aquí no pueden estar. Tomamos nota. Se acabó el tema.

Sin embargo, allí siguen. Campando a sus anchas. Y todo porque ningún responsable del asunto tiene narices de tomar una decisión por miedo a no se sabe qué. Unos porque se van pasado mañana -literalmente- de Diputación. Y otros porque aún no han llegado. Pues bien. Dentro de 48 horas, cuando se cumplan 23 días de la 'okupación', Loaiza se sentará en el sillón presidencial.

Sin duda, este es su primer gran 'marrón'. Algo habrá de hacer. Lanzar un mensaje para que quede claro que mañana no podemos ir al edificio de Náutica, o al del Tiempo Libre, o al Olivillo, o a Beato Diego a pasar el verano por la mismísima cara.