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Editorial

Cambio en Portugal

El centro-derecha será quien aplique el duro plan de ajuste tras su victoria electoral

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Con cierto cansancio, acreditado por una muy fuerte abstención (del orden del 43%), los portugueses dieron ayer mayoritariamente su voto en la elección legislativa a la oposición de centro-derecha del Partido Social Demócrata, liberal de centro, y a su aliado natural y más a la derecha, Centro Democrático y Social-Partido Popular. Entre ambos reciben la mitad de los sufragios en números redondos, con una impresionante subida del primero. Dispondrán de una holgada mayoría parlamentaria, podrán formar gobierno y reemplazar, tras casi seis años, a los socialistas, perdedores netos, que ceden diez puntos. La elección había sido adelantada y el Parlamento disuelto con el acuerdo general en razón de la gravísima crisis financiera del Estado que, con la fuerte inquietud popular que conlleva, significa algo más que un cambio de gobierno. Es el relevo en el equipo que va a administrar el durísimo plan de ajuste fiscal impuesto por las circunstancias y las severas condiciones fijadas por la UE en el plan de rescate financiero. Durante la campaña las dos grandes formaciones, PS y PSD, que han dominado la escena política nacional tras la revolución del 74 y los años de normalización que siguieron, se han acusado mutuamente de la situación de las finanzas públicas, incluida una deuda estatal prácticamente inmanejable, un caso análogo al de Grecia e Irlanda. La ciudadanía, que ya había rebajado mucho su apoyo a los socialistas en septiembre de 2009, cuando perdió más de ocho puntos, ha juzgado ahora que la oposición liberal-conservadora está mejor equipada para gestionar la crisis. El desinterés que traduce la alta abstención tiene algo de reproche a todos y es un aviso que la clase política haría mal en minimizar. Llegan días difíciles, pero también prometedores. Portugal, como otros Estados europeos, ha vivido por encima de sus posibilidades y debe darse ahora una cura de austeridad y realismo. Es lástima que el no desdeñable porcentaje de voto que reúne la izquierda minoritaria (comunistas, ecologistas, y Bloque) rechace apoyar un plan que no tiene alternativa. La suya es una conducta meramente testimonialista e inútil.