La OTAN diezma la flota de Gadafi al hundir ocho buques en la capital libia
Actualizado:Horas después de que Barack Obama describiera la salida del poder de Muamar Gadafi como «inevitable», la aviación de combate de la OTAN hundía la noche del jueves al viernes ocho buques de guerra pertenecientes al régimen en un ataque coordinado en Trípoli, y las ciudades al este de Al-Jums y Sirte, que se ha considerado como el mayor contra las fuerzas navales oficiales perpetrado por la alianza desde el inicio de la crisis libia.
En un escenario enquistado, en el que hace semanas que ni los rebeldes ni las tropas del régimen son capaces de ganar una ventaja determinante, los agentes leales al coronel se esforzaban ayer en deslegitimar la actuación internacional, a la que acusan de ejercer como brazo aéreo de la insurgencia. «Obama delira -proclamaba el portavoz de Gadafi, Musa Ibrahim-, se cree las mentiras que su propio gobierno y sus medios de comunicación difunden por todo el mundo. No es Obama quien decide si Gadafi abandona o no Libia, es el pueblo libio quien debe decidir su futuro».
Huir a Europa
En su esfuerzo por condenar la misión de la OTAN, el responsable de prensa del puerto de Trípoli subrayó que los barcos atacados pertenecían a la «guardia costera» y fueron bombardeados en plena fase de mantenimiento, mientras que el gerente general de la instalación, Mohamed Rashid, explicó que la misión en activo de las naves era únicamente controlar la salida de navíos con inmigrantes que tratan de huir a Europa. En otra declaración, el régimen lamentó que el bombardeo pretendía reducir las importaciones y subir el precio de los productos básicos que reciben los libios.
Intensamente asediado en el plano militar y diplomático, el régimen de Gadafi se enfrentaba esta semana a otra deserción de alto nivel, la del ministro del Petróleo, Shokri Ghanem, cuya pista se perdía en un vuelo a Viena. En su discurso sobre Oriente Próximo y las revueltas en el norte de África, el presidente norteamericano dio por hecha la marcha del sátrapa libio y defendió la «credibilidad» del gobierno transitorio organizado por la insurgencia.
«El tiempo va en contra de Gadafi -dijo-, no tiene control sobre su país (.) Cuando inevitablemente deje o sea obligado a abandonar el poder, se pondrá fin a décadas de provocación y podrá ocurrir una transición hacia una Libia democrática».