División de opiniones
Actualizado:Cuando nos ponemos de acuerdo en algo es porque ha surgido algún equívoco. Lo que se lleva, y por lo tanto nos trae a mal traer, es la discrepancia sistemática. Baste que alguien milite en el partido rival para reprobar su ocurrencia. Si el inventor del hielo artificial, un tal mister Kelvin, o el que ideo el ‘chupa-chus’, o la fregona hubieran tenido feroces adversarios políticos, serían execrados en la implacable sociedad actual, que no admite la diversidad, que es la gran musa del mundo. Los intolerables unidos jamás serán vencidos, pero por fortuna son incapaces de agruparse para actuar conjuntamente. Por eso se producen empates en el Constitucional y se habla de jueces progresistas y de jueces conservadores, en vez de hablar de Justicia. Las unanimidades son aburridas, pero quizá nos estemos pasando varios pueblos, entre ellos el llamado ‘pueblo de Dios’, en el celeste asunto de la beatificación de Juan Pablo II. Mientras algunos clerólogos de alto rango muestran una gran urgencia por elevarlo a los altares, que siempre están sólo a unos metros sobre el nivel del suelo, hay teólogos que le acusan de desmantelar el Vaticano II. No le niegan al ‘atleta de Dios’, que batió la plusmarca de besar el suelo de los aeropuertos, que fuese el personaje de mayor influjo en la política europea de los últimos años. Lo que no les complace a los teólogos de carné es que pasara del concepto de iglesia como comunidad de creyentes a la idea de iglesia jerarquizada y piramidal. Vaya usted a saber quiénes tienen razón. Que venga Dios y lo vea y después de verlo nos diga algo rompiendo las costumbres, porque «siempre está callado». Las opiniones están divididas, no solo en el arbitraje del último Barca-Madrid, sino en la coalición Bildu. Aquí cada uno es cada uno, pero con tantas discusiones hemos llegado a no ser nadie entre nosotros. Nuestro eslogan es ‘divide y perderás’ y lo estamos cumpliendo a rajatabla o quizá fuera más exacto decir a rajapatria, grande o chica.