Fervor. El Señor de las Penas sigue siendo dueño y señor del Martes Santo jerezano. Miles de devotos se acercaron hasta San Mateo para ver los pasos montados de la cofradía que preside Angel Bocarando. :: ESTEBAN
Semana

La lluvia pudo con el esperado Martes Santo

Ninguna de las cuatro cofradías de la jornada sacó siquiera la cruz de guía a la calle para hacer su estación de penitencia

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Se veía venir. Andaba el tiempo caprichoso, y todos los partes lo anunciaban. La semana estaba entrada en agua, y fue un milagro que el Lunes Santo las cofradías pudieran acceder hasta la catedral, puesto que todas las previsiones meteorológicas consultadas hablaban de lluvias débiles y dispersas. Para ayer la jornada pintaba mucho peor. Llovería por la mañana, escamparía y saldría el sol a principios de la tarde, y volvería a cubrirse el firmamento justo a la hora en la que las cofradías comenzaran a salir. Y así pasó, ni más ni menos. Llovió con fuerza sobre la ciudad, sobre todo por la mañana, y las cofradías no pudieron realizar su estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral, por mucho que lo intentaron.

Eran las doce de la mañana cuando el sol se escondía tras negras nubes. Justo a la hora del Ángelus, Jerez recibía una lluvia fina pero persistente, que desembocó en una fuerte llovizna que duró hasta el final de la mañana. Mal prólogo para una obra que necesitaba de los mejores condicionantes posibles, toda vez que las corporaciones que realizaban ayer su estación de penitencia están envueltas en procesos de restauración o mejora de su patrimonio. Y claro, eso pesa. Debe pesar además. Cofradías que se están dejando su dinero, sus ilusiones, su entrega y su compromiso en mejorar el patrimonio que ya poseen, o en adecentarlo, y que no quieren ver expuesto todo lo que hacen por el capricho de salir a toda costa. Y ayer, la realidad era evidente. No había posibilidades con un cielo totalmente encapotado, y con todos, absolutamente todos los partes consultados, coincidentes en la temeridad de salir a la calle.

Así que las cofradías, no todas, mostraron su tenacidad por realizar su estación de penitencia, y solicitaron la prórroga máxima que se concede a las corporaciones para retrasar la salida ante una situación climatológica adversa. Una hora se retrasó todo, anunció el Consejo. Pero no era necesario, porque hermandades como la Defensión, seria ella, anunció cinco minutos antes de la hora que le marcaba su horario oficial que no realizaría su estación de penitencia. Seguro que no por falta de ganas, sino por dar un ejemplo de seriedad. Hay cofradías que en estos detalles se juegan su prestigio, y la de la Defensión es una de ellas. Acertó, de pleno además, acelerando los trámites. Ya otras habían decidido no salir, y no era necesario tener a los nazarenos allí, esperando, para una solución que todo el mundo sabía que iba a ser negativa. Así que bien por la cofradía que viene de Capuchinos, por su saber estar y su diligencia en la toma de decisiones, por comprometidas que sean.

Como bien estuvieron también las que decidieron esperar. Y los motivos son obvios. Cada cofradía tiene su estilo, su sello personal. Su forma de hacer las cosas. Y si en la Defensión pocos hubieran entendido la tardanza, en San Benito, cofradía nueva, con brío, con garra e ilusión, pocos hubieran entendido lo contrario. Acertó la hermandad de la Clemencia esperando, aun sabiendo de las dificultades que tendría a la hora de comunicar que no saldrían a la calle. Pero acertaron, claro que acertaron. Y la banda de los Gitanos, en un detalle que se recordará por mucho tiempo en San Benito, quiso premiar a una corporación que ha apostado desde el principio por ellos. ¡Para que luego digan que las bandas sevillanas vienen a Jerez a llevarse el dinero! Una agrupación que tenía previsto realizar de nuevo una entrada en Carrera Oficial apoteósica, y unos sones que se perderán por la Tornería. Todos los esperamos para el año que viene, porque los Gitanos y la cuadrilla de la Clemencia son un ejemplo de cómo hay que hacer las cosas en esta ciudad cuando los pasos andan de frente, y nada más que de frente. Que pocos hay, por cierto.

Sin estrenos

Así que nos quedamos sin ver nada de lo que nos ofrecía la jornada, que no era poco. Todo lo contrario. El Martes es uno de los días de la Semana Santa que más ha evolucionado, y que más ha mejorado desde la llegada de la Clemencia a la Carrera Oficial. La hermandad de la Defensión es, literalmente, otra. Si alguien cogiera un vídeo de hace diez años, y actualizara los datos con los actuales, pensaría que está ante dos corporaciones diferentes. Por eso, ayer en Capuchinos había decepción, y de las grandes. Había mucha ilusión, mucha entrega en los nuevos estrenos que la hermandad ponía en la calle. Por un lado, el bordado de las caídas del paso de palio, y por otro, el juego de dalmáticas, exclusivas, para el mismo paso que venían a completar las que ya tenía la hermandad para el paso de Santísimo Cristo de la Defensión. Así que ya tienen excusa por Capuchinos para seguir trabajando tal y como lo están haciendo ahora mismo, y mostrar a Jerez el año que viene que con ilusión y entrega es todo mucho más sencillo. Un privilegio de cofradía que se quedó en casa.

Igual que el resto, por supuesto. Todas las hermandades tenían cosas que contarnos, mil historias que se quedaron ayer recogidas en los centenarios templos que ejercen de sedes canónicas. El Cristo del Amor, cofradía sería donde las haya, estrenaba terminación del paso del Cautivo, una nueva joya que ha pagado la hermandad del Martes Santo. Y si le unimos que no hace demasiados años que estrenó el paso de misterio, es evidente que la cofradía mantiene un ritmo de trabajo inagotable. Querían mostrar también los nuevos romanos para el paso de misterio, y una banda descomunal que llega desde Sevilla. Desde que San Juan Evangelista llegó a la ciudad, las cosas han cambiado y mucho. La calle Francos es un reclamo imprescindible para los que gustan de la buena música y de los ambientes cofrades selectos. Y por eso, que llueve en días como el de ayer duele más, porque se sabe que las cofradías han puesto toda la carne en el asador para que la historia vaya cambiando de manera lenta, pero efectiva.

De hecho, hasta hace poco el Martes Santo era los Judíos, y el resto. Y hoy es el resto, pero sin olvidar a los Judíos, que sigue siendo el broche de oro perfecto para una jornada inolvidable. Nos hemos perdido el eterno paso de palio del Desconsuelo por la calle Cabezas, no hemos podido disfrutar de una de las salidas más auténticas de la Semana Santa, no hemos saboreado el andar de unas cuadrillas de las que todo el mundo hablaba maravillas esta cuaresma, y no hemos podido perdernos en el manto listo del Desconsuelo. Una lástima que el agua no nos haya dejado contemplar el perfecto paso de palio que Juan Manuel Rodríguez Ojeda diseñara para la cofradía, ni el trabajo que Guzmán Bejarano realizó para el Señor de las Penas. No hemos podido contemplar el cortejo de esta corporación, que año tras año va adaptando su manera de andar para favorecer los intereses de unos nazarenos que son el alma y el emblema de esta cofradía del Martes Santo.

No hemos podido disfrutar de nada, porque la lluvia no ha querido que el Martes Santo sea una realidad. Y es una lástima, porque días como el de ayer están concebidos para ser grabados a fuego en la memoria de los devotos que se lanzan a las calles en Semana Santa. El año que viene será... Seguro.