Ni rastro de famosos La imagen de un elegantísimo Barack Obama bailando con su esposa Michelle mientras Beyonce cantaba en directo el día de su nombramiento difícilmente se podrá repetir en esta campaña electoral, huérfana de celebridades dispuestas a partirse la cara -y también a ponerla- para defender la candidatura demócrata. Poco o nada queda de esos eventos multitudinarios en los que un aluvión de caras conocidas arengaba a los estadounidenses para que votasen por el cambio. A Obama no le ha quedado más remedio que arremangarse la camisa y bajar al barro para arañar los máximos votos posibles.
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