Vargas Llosa ofrece un mitin durante la campaña presidencial en Perú de 1990. :: R. C.
Sociedad

Un liberal laico en un mundo de escritores de izquierdas

MADRID. Actualizado: Guardar
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En una generación de escritores latinoamericanos más que próximos a la izquierda, el joven Mario Vargas Llosa no parecía ofrecer demasiadas muestras de sentirse próximo a la política. Aún así, como tantos otros se dejaría encandilar por las promesas del comunismo, pero también, antes que tantos otros, sintió el desencanto ante el mismo. «Nos parecía que ésa era la sociedad ideal. Y creíamos que Rusia era eso. Fue una ilusión bastante pasajera, efímera, porque muy pronto caí en un mundo donde la realidad está muy lejos de la utopía», diría años más tarde.

Tras una década flirteando con el poder, su verdadera entrada en política se produciría en 1990, ya convertido en un liberal a ultranza. Harto de los desmanes del gobierno aprista de Alan García, actual presidente de Perú y que tuvo que abandonar su primer mandato entre cargos de corrupción, el ahora premio Nobel optó por presentar su candidatura a la presidencia del país.

El escritor convertido en presidente, apuntaban todas las quinielas. La campaña iba en volandas para Vargas Llosa, nadie dudaba de su victoria. Pero sus aspiraciones se verían truncadas por un oscuro ingeniero agrónomo de origen filipino llamado Alberto Fujimori que, con apenas un 10% en las encuestas a comienzo de la campaña, acabaría por batir al escritor en la segunda vuelta de las elecciones. Muchos achacaron la derrota de Vargas Llosa a un ejercicio de sinceridad. Ocurrió cuando habló de los duros recortes que habría que realizar para contener una elevadísima inflación que por entonces devoraba las arcas nacionales. Otras fuentes, en cambio, le acusan de haber dado una imagen de clásico señorito ante una sociedad eminentemente rural y con un alto índice de analfabetismo.

A partir de entonces comenzaría una persecuación del regimen de Fujimori contra su persona que nunca cicatrizaría. Llega hasta el punto de que ayer mismo, en mitad de su triunfal rueda de prensa, el ecritor se acordará del ex mandatario peruano, hoy en la cárcel por corrupción, al recordar que llegó a querér convertirlo en un paria retirándole la nacionalidad peruana.

Desencantado de su país, Vargas Llosa optó por el autoexilio. En 1993 se nacionaliza español y fija su residencia en Madrid. Su filiación política se acentúa a partir de entonces y se convierte en asiduo de mandatarios conservadores como José María Aznar o el checo Václav Havel. Aún así no deja de sorprender que se autodefina como un liberal laico Vargas Llosa siempre ha matizado que él es ante todo un liberal laico, y en este sentido ha descolocado a la derecha tradicional con sus posturas a favor del matrimonio homosexual, el derecho al aborto o la legalización de las drogas blandas.

Su última participación política se ha producido en España, donde ha mostrado un apoyo activo a Rosa Díez y su partido Unión Progreso y Democracia.