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Pese a su juventud, Ricky Rubio es ahora el motor del equipo. :: EFE
Baloncesto

Vocación medallista

Los junior de oro cambiaron hace diez años la genética de una selección ahora campeona España es ahora una potencia del baloncesto, pero no siempre fue así

JOSÉ MANUEL CORTIZAS
IZMIR (TURQUÍA).Actualizado:

Manel Comas, experto en baloncesto y en traducir siglas, seguro que hallaría una definición telegráfica, concisa, para explicar en apenas tres palabras qué es España en el mercado mundial de la canasta. Lo que es ahora, claro, limitando el rebobinado de la cinta hasta la última década. La quinta a la que Pau Gasol ha acabado usurpando el nombre, la famosa generación del 80, se ha encargado de glorificar el concepto de equipo. El santboiano le hacía los recados a Germán Gabriel en aquel combinado de bisoños jugadores que lejos de arrugarse a la hora de la verdad, le dieron para el pelo a Estados Unidos culminando uno de los más hermosos sacrilegios que se recuerdan. ¿Cómo lo hicieron? Con Carlos Martínez de Aja comiéndole el coco a cada uno de aquellos talentosos proyectos de baloncestistas. Saltaron al parqué lisboeta travestidos, creyéndose ellos los que portaban la bandera con las barras y estrellas, pero, sobre todo, exprimiendo la calidad individual en beneficio del bien común.

La filosofía ha perdurado en el tiempo. Hay que agradecérselo a los propios jugadores y a la Liga en la que han crecido, una ACB en la que los resultados demuestran que en el éxito (desde títulos a supervivencia) tiene mucho que ver una palabra de tres sílabas que no figura, precisamente, en la mayoría de las 24 selecciones que llegan al Mundial de Turquía ya predestinadas en un elevadísimo porcentaje. E-QUI-PO, que pronunciaría Pepu Hernández. El técnico, ahora en las filas del DKV Joventut, supo como nadie canalizar el torrente de ilusión, calidad y ambición que reinaba en el grupo natural que heredó. Consiguió que la figura de Pau Gasol, tan alargada, no ensombreciera a la totalidad del resto del equipo y se benefició de que Estados Unidos se vio sorprendido en una cruenta guerra previa que le apartó de la final en Saitama.

España llega a Turquía sin su mejor jugador de todos los tiempos. ¿Y qué?, reza el mensaje enviado desde el seno de la selección. Se ha trabajado tanto en la mentalización, en la aceptación de esa baja como algo circunstancial e importante, pero no determinante, que José Manuel Calderón ha caído en combate en vísperas del embarque y la noticia ha sido sobrellevada con suma tranquilidad. Al fin y al cabo, Scariolo recuperará a la pareja de bases que le llevaron al oro europeo en Polonia y despeja así el panorama ante el rebrote de un posible enquistamiento dependiendo del reparto de minutos que haga entre los directores de juego.

Suena a tema tabú, pero en los Juegos de Pekín saltaron más que chispas al respecto cuando Aíto García Reneses le dio los galones a un entonces imberbe Ricky Rubio.

Más conejos en la chistera

Pero de eso es precisamente de lo que trata de abstraerse 'La Roja' de la canasta. De personalizar. Un repaso a los principales candidatos a la gloria turca desvela diferencias, en ocasiones, insalvables. Argentina tiene una gran plantilla, pero su vida está en relación directa a la aportación de Delfino y Scola. En Brasil ocurre otro tanto con Barbosa y Machado. Estados Unidos, ya se ha visto, tiene en Kevin Durant al jefe de obra con firma para hacer y deshacer a su antojo. La anfitriona Turquía se ha encomendado a Turkoglu e Ilyasova. En el otro lado de la balanza figura un cuarteto que reparte más el protagonismo, aunque Grecia, Serbia y Croacia también lo reduzcan a un trío, o a lo sumo a un cuarteto.

España, sin embargo, tiene más conejos en la chistera.

Lo refrenda su trayectoria durante la última década. Son ya once años de tocar pelo, de un barniz metálico en las máximas citas internacionales, de una llegada a la élite trabajada, reflexionada, alejada de los fuegos de artificio. Plata europea en 1999; bronce en 2001; nueva plata en 2003; campeona del mundo en 2006; otra plata continental en 2007; una medalla de argenta en los Juegos de Pekín en 2008; y el primer título europeo de la historia en 2009.

España se ha acostumbrado a ganar. Entre sus tres últimos seleccionadores de los 18 que han ocupado el cargo desde que lo estrenó Mariano Manet en 1935 (con medalla de plata en el Eurobasket de Ginebra), los números inciden en la constatación del plantillón que han tenido a su disposición. Tampoco extraña que ellos, los seleccionadores, hayan quedado en segundo plano. El secreto lo tienen en su vestuario.