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El crimen imperfecto

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Obvio la conmoción, la condolencia y, cómo no, el repudio que ha suscitado en todos el sañudo homicidio de Mercedes Tello para, no sin reservas, poner la lupa en uno de los tres detenidos en el caso, Juan Jesús M. F., alias 'El Pucherito', de veinte años de edad, que ha sido señalado por los medios como presunto cómplice del crimen.

En el ámbito del Derecho penal, cómplice es la persona que, sin ser autora de delito o falta, «coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos». A este respecto, nuestro ordenamiento jurídico distingue además entre la figura del «cómplice necesario», sin cuyo concurso no resulta posible perpetrar el delito, y la del cómplice propiamente dicho, cuya participación -secundaria- en los hechos no incide en ellos de manera definitoria. Este segundo rango parece ser del signo que ostenta el detenido, a tenor de las primeras filtraciones, en apariencia unívocas, recogidas en la prensa local, ya que por el momento, y como es lógico, prevalece el secreto de sumario. Según estas pesquisas, Juan Jesús M. F. habría colaborado con el autor confeso ya del crimen facilitándole el acceso al domicilio de la víctima, y manteniéndose en actitud vigilante mientras que su compinche permanecía en el interior.

Sólo una vez dispuesto el escenario en que acontecería la tragedia, que no tengo intención de reproducir, podía, como hago ahora, salvando las distancias históricas y la naturaleza política de sus afirmaciones, traer aquí el debate generado por la filósofa alemana Hannah Arendt en su controvertido 'Informe sobre la banalidad del mal', acerca de la causa abierta por el Estado de Israel contra el teniente coronel de las SS nazi, Adolf Eichmann, en 1961: «Todo proceso judicial -escribe la filósofa- se centra en la persona del acusado, en una persona de carne y hueso, con sus propias formas de comportamiento, y con sus propias circunstancias. Eichmann no era un Yago, ni un Macbeth, y nada pudo estar más lejos de sus intenciones que resultar un villano. Podemos decir que Eichmann, sencillamente, no supo jamás lo que se hacía». Que éste sea el caso o no de 'El Pucherito', el tiempo y la justicia lo dirán. Nos falta el testimonio indisputable, la versión efectiva de unos hechos que rozan lo dantesco y que, en rigor, sólo dos personas conocen: la víctima y su inhábil asesino. Mercedes Tello no podrá ya dárnosla. Por eso especulamos. De disponer aún hoy de su palabra, cualquiera de las nuestras, por suerte, sobraría.