ACERTAR
Actualizado:Cuando ya sólo quedan dos jornadas para que concluya esta irregular temporada, al equipo amarillo sólo le resta una opción para evitar el descenso: acertar con esa fórmula que, al menos, le proporcione cuatro puntos. Ya no valen esas excusas que, impulsadas por el deseo de mantener las esperanzas, se han esgrimido de manera insistente: ni la suerte, ni la ansiedad, ni el cansancio, ni las lesiones sirven para justificar graves errores ni para eludir serias responsabilidades compartidas. En esta situación, la equivocación más infantil sería tratar de convencernos de que los culpables de nuestro hipotético fracaso son los equipos que, en contra de nuestras optimistas previsiones, cosechan inesperadas victorias. Cualquier desacierto a lo largo de estos cientos ochenta minutos finales puede suponer el temido descenso, ese fantasma que tantas veces se ha anunciado desde el comienzo de la presente liga. Ya no hay tiempo para enmendar una trayectoria tan irregular ni, mucho menos, para buscar explicaciones. Esperemos que, en esta ocasión, se acierte pero no con la suerte de quien rellena una quiniela, sino con la habilidad de quien resuelve un complicado problema de matemáticas. El acierto será el resultado de la elección de los futbolistas que aún conservan suficiente fuerza física y, sobre todo, de aquellos miembros de la plantilla que controlen la tensión emocional: los que sepan mantenerse serenos cuando adviertan que, por ejemplo, los adversarios juegan mejor o, incluso, se adelantan en el marcador, los que sepan reaccionar con paciencia, con sosiego y con confianza. Estoy convencido de que Víctor Espárrago, durante los entrenamientos de esta semana, les transmitirá -con sus palabras medidas, con sus movimientos controlados, con sus expresiones sobrias y con sus tonos mesurados- unos convincentes mensajes de tranquilidad.