Un país al borde del precipicio
PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE CONCESIONARIOS DE AUTOMÓVILES DE LA PROVINCIA DE CÁDIZ (ACOAUTO) Y PRESIDENTE DE LA FEDERACIÓN NACIONAL DE CONCESIONARIOS DE AUTOMÓVILES (FACONAUTO) Actualizado: GuardarEspaña hoy es un flautista borracho al borde de un precipicio. Un borracho que tiene a todo el mundo mirando, pendiente de apartarse en el momento de la galleta. Y es que España, hoy por hoy, está al filo de perder lo que le quedaba de credibilidad económica. De 'yuppies' a parias en seis meses. De la Champions, a segunda división en medio año. Es increíble que hayamos llegado a esta circunstancia si pensamos de dónde venimos. Da pena asistir a esta situación por parte de una de las economías más pujantes y dinámicas de Europa, que se paseaba por el mundo, tirando de talonario, comprando aeropuertos y bancos, pavoneándose de que iba a sobrepasar el PIB de Italia. Pensábamos que los que los P.I.G.S. (cerdos) podían volar. Y ahora, tras esta brutal caída de confianza, dedicamos más tiempo a pensar en San Martín.
La verdad es que nos merecemos la desconfianza. Somos incapaces de dejar de tocar la flauta y comenzar a andar de espaldas al acantilado. Somos incapaces de hacer lo que nos toca. Lo que los demás esperan de nosotros no es otra cosa que una reforma laboral profunda que nos ponga a niveles europeos de competitividad. Toda Europa piensa que sería la única forma de solucionar el problema endémico de paro (ya el 20%) que nos está provocando el mayor incremento de déficit del mundo civilizado.
La consecuencia de una pérdida de confianza en la economía española sería una nueva calificación a la baja del 'rating' de la deuda española por parte de nuestros viejos conocidos Moody's, Standard and Poors y Fitch. Estos tres serán los que le peguen el empujoncito al flautista hacia el despeñadero. Y este empujoncito no va a ser más que el comienzo de las muchas cosas malas que nos van a pasar a continuación.
Básicamente, lo que están pensando estos tres es que España no va a tener la capacidad de devolver nuestra deuda. Y la verdad es que hay muchas y fundadas dudas. El mundo, hoy por hoy, se divide entre los que piensan que el crecimiento anterior estaba inflado (por lo que nunca lo recuperaremos y no podremos pagar) y los que opinan que ya no tenemos las palancas de nuestro crecimiento (inmobiliario y turismo), por lo que nunca devolveremos la deuda.
La verdad es que incumplir nuestra previsión de déficit en los meses de enero y febrero y que el Gobierno haya gastado más de lo esperado. No nos ha ayudado nada. Y aunque esto no tiene porque ser definitivo sí es verdad que, dado el plan que llevamos, ha puesto a las entidades calificadoras aún más en guardia contra España.
Todo ello nos hace estar bastante seguros de que, este año, nuestro San Martín particular no llegará por noviembre, llegará en junio. Momento en el que se harán públicos los datos semestrales de nuestra economía. Como nuestro déficit esté un poco por encima de lo esperado, aunque sea sólo un poco, se nos va a caer el pelo: se producirá la temida bajada de rating de nuestra deuda. Y con esto llegarán los ataques a nuestra economía.
Por eso no es exagerado afirmar que España es un país al borde de un ataque especulativo. Lo más probable es que el ataque se produzca sobre la deuda española. El mecanismo de estos ataques es simple y conocido: los actores, normalmente los 'hedge funds' (que vienen a funcionar como los policías del mercado) y los departamentos de arbitraje de los bancos, incluso los españoles (ganaron mucho dinero en el 93 con la devaluación de la peseta). La herramienta: apostar con instrumentos derivados (principalmente 'credit default swap'), que el diferencial con la deuda alemana va a aumentar.
El ataque nos puede venir en dos modalidades: o bien por contagio o por sobresalto. Por contagio del pánico que produzca un agravamiento de la situación griega (como está pasando últimamente). O por un sobresalto que se produzca en la economía española y que a su vez sea usado por estos cocodrilos financieros.
Este sobresalto puede venir a su vez de dos formas: o por el peor comportamiento de las déficit público de lo que el gobierno tiene previsto (9,8%). O por un accidente en las cajas que tienen que refinanciar sus vencimientos este verano. Que va a haber cajas en quiebra es seguro, lo que no se sabe es cuándo y dónde.
Las consecuencias que tendría un ataque con éxito a la deuda española serían catastróficas para nosotros. El coste de financiación de nuestra deuda sería insoportablemente costoso y tendríamos que pagarlo entre todos con una enorme subida de impuestos. Por cierto, que los dos puntos de IVA ya han sido devorados por el actual coste de la financiación de la deuda.
Estamos en guerra. ¿No deberíamos hacer algo? A mí lo que me atemoriza no es tanto el ataque que podamos sufrir, como la defensa que podamos oponer. En estas circunstancias hay que defenderse como gato panza arriba. Dentro de casa, pactos de Estado, recortes brutales del gasto de la administración y reforma del mercado de trabajo. Fuera de casa, imponer seriedad y autoridad en nuestras relaciones.
En definitiva, el gobierno tendrá que elegir este verano entre dos venenos. O seguir el camino del gasto autonómico y el desenfreno laboral y terminar en el fondo de un barranco financiero. O seguir el camino del ahorro y la reforma laboral y terminar en un abismo de pérdida de votos.
Yo, por la parte que me toca, de mis impuestos prefiero el primer camino. Dejemos de beber, tiremos la flauta y alejémonos del abismo.