Un marine armado con un rifle vigila a un talibán afgano capturado cerca de la base de Marjah. :: AFP
MUNDO

Obama autoriza el asesinato de un clérigo de EE UU que recluta terroristas

La CIA acusa al imán Al-Awlaki de adoctrinar a los secuestradores del 11-S y al autor de la masacre de Fort Hood

NUEVA YORK. Actualizado: Guardar
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Se busca vivo o muerto. Ése es el estatus recién alcanzado por Anwar al-Awlaki, un clérigo estadounidense hijo de un ministro yemení que acaba de ser catapultado a la fama con el beso de la muerte que le prodigará la CIA. Que se sepa, es la primera vez que un ciudadano norteamericano entra a formar parte de esa exclusiva lista antiterrorista, contrapartida ilustrada de la fatua islámica.

Al-Awlaki nunca ha puesto una bomba ni ha estado en un campo de batalla, pero sus violentas apologías se han hecho populares en Facebook y páginas de extremistas islámicos por Internet. Un 10% de quienes visitan la suya viven en EE UU. El Gobierno cree que se dedica a reclutar yihadistas, pero para poder asesinarlo la legislación exige que sea una amenaza «inminente» contra el país y exista autorización directa de la Casa Blanca.

La sentencia de muerte extrajudicial que se acaba de promulgar supone «una extraordinaria expansión sin precedentes de la guerra contra el terrorismo», advirtió ayer la revista de izquierdas 'The Atlantic'. «Matar a un ciudadano estadounidense sin juicio o sin aprobación judicial es, por ponerlo con suavidad, algo muy gordo».

Públicamente no se han demostrado más que conexiones superficiales con algunos terroristas célebres, pero la Administración de Barack Obama parece tenerlo muy claro. «El peligro que Al-Awlaki representa para este país ya no está confinado a las palabras», sentenció una fuente gubernamental a 'The New York Times'. «Se ha involucrado en atentados. Al-Awlaki sabe lo que ha hecho y sabe que no se le recibirá con flores y abrazos. Esto no debería sorprender a nadie».

Con título universitario y máster en campus americanos, los pregones de este ingeniero civil en inglés coloquial cobraron fama en todo el mundo islámico de Occidente. Entre quienes en algún momento le escucharon en las mezquitas de San Diego y Falls Church (Virginia), donde fue imán, destacan tres de los secuestradores del 11-S, el psiquiatra militar que perpetró el año pasado la masacre de Fort Hood y el nigeriano que el Día de Navidad trató de volar un avión con destino a Detroit.

Encarcelado en Yemen

Con el tiempo sus palabras se han vuelto más duras, especialmente después de que las autoridades yemeníes le encarcelaran durante año y medio a petición de Washington, que le interrogó en prisión. Desde que saliese está en paradero desconocido, pese a que las autoridades de Saná y las fuerzas especiales estadounidenses han sumado esfuerzos en su búsqueda.

La noticia de que intentan asesinarle contradice los intentos del Gobierno de Obama, que en su nueva estrategia de seguridad nacional pretende eliminar términos como «radicalismo islámico» para demostrar que no ve a todas las naciones musulmanas a través del prisma terrorista. La nueva doctrina pretende ganar «la guerra de las ideas» con los principios lanzados por el presidente en su discurso de El Cairo, que completará con el de junio próximo en Indonesia.