Obsequios
Actualizado: GuardarNo está bien limitar la misericordia divina, pero tampoco la de nuestros amigos. Si alguien quiere hacernos un regalo jamás debemos impedírselo, salvo que esté envenenado y se disfrace de coacción: hay algunos que pueden suponer una inversión del donante, que aspira a recompensas más o menos inmediatas, a veces a cobro revertido. Sin duda por eso, la Generalitat Valenciana ha extremado el rigor de los regalos que reciben sus altos cargos. No dice nada de los pequeños cargos, ya que éstos no reciben ninguno y ni siquiera les regalan el oído.
Los sonoros escándalos del silenciado 'caso Gürtel' quizá hayan ejercido un influjo considerable, pero lo cierto es que estas Navidades, si el ejemplo cunde, sólo van a practicar la elegancia social del regalo los que se gasten su dinerito en El Corte Inglés.
Lo curioso es el tratado de límites que ha establecido el Gobierno valenciano, que ha dirigido una circular interna donde se prohíbe específicamente recibir «bolsos y carteras de marca, jamones ibéricos y bebidas alcohólicas». Unas instrucciones concretas, que de ninguna manera proscriben que un alto cargo reciba un bolso de autor anónimo o un jamón de pata blanca. O bien varios bolsos y varios jamones.
Seguimos siendo muy pobres, incluso en los infrecuentes momentos en los que ejercemos la austeridad. Clasificar los sobornos posibles según el precio y la categoría de la patita de guarro es confundir la velocidad con el tocino y eso no detiene la inmoralidad rampante de la vida nacional, que cada vez es menos nacional, pero que sigue siendo vida. Bastante cutre, pero vida. Sólo algunas personas lo pasan en grande no cuando reciben un regalo, sino cuando lo hacen. Vaya por ellos. Y vaya por mí.