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fútbol | primera división

Muniain impulsa al Athletic en Zaragoza

La afición del equipo maño abroncó a la afición y apoyó al entrenador

EFE | ZARAGOZA
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La primera parte, se inició con la mejor ovación de la noche para el cuestionado, por el consejo de administración, técnico local Marcelino cuando su nombre sonó en megafonía y la posterior pitada al palco de una gran parte de La Romareda coreando "Marcelino sí, directiva no" y "directiva dimisión", que se repitió al término de los primeros 45 minutos y al final del encuentro.

Aún no se habían apagado los ecos de los cánticos de los aficionados locales (minuto 2), cuando una falta a favor de los visitantes fue rematada de cabeza a la red por Carlos Gurpegui, aunque en fuera de juego.

Con el miedo metido en el cuerpo, el conjunto maño tiró de orgullo y de entrega para hacer retroceder al equipo vasco hacia su área, pero algo que se viene repitiendo toda la temporada, la falta de ideas para dar el pase definitivo, le impidió crear peligro sobre la meta de Gorka Iraizoz.

El conjunto de Joaquín Caparrós consiguió sacudirse el dominio local mediado este primer periodo y, con el balón sin salir de la parcela central del campo, ambos guardametas se convirtieron en meros espectadores.

La jugada más peligrosa del equipo vizcaíno fue un córner botado por Pablo Orbáiz en el minuto 20 que se cerró sobre la meta del equipo aragonés y que obligó al meta Javier López Vallejo a despejar con apuros. En el tramo final, la presión del Real Zaragoza le permitió recuperar el dominio, robar balones y llegar con peligro desde las bandas al área bilbaína.

El Athletic sentencia

En pleno agobio sobre la meta foránea, el equipo maño pudo haber abierto el marcador al filo del descanso con una triple oportunidad en la misma jugada, pero los tres remates zaragocistas se estrellaron en los cuerpos de defensores rojiblancos cuando Iraizoz se encontraba descolocado tras haber salido a un primer despeje.

La entrada del joven Iker Muniaín en el minuto 59 fue providencial para su equipo porque en la primera jugada en que entró en contacto con el balón puso el centro del primer gol de su equipo a Mikel San José.

El Zaragoza lo intentó como siempre, con ganas y poca imaginación, ante un rival bien asentado que apenas concedió opciones y que aprovechó que el equipo maño se volcó buscando desesperadamente igualar la contienda para, en una contra llevada por Muniaín, sentenciar por medio de Markel Susaeta.

El tanto local por parte del uruguayo Carlos Diogo, en el minuto 92, llegó demasiado tarde para soñar con salvar los muebles y acabó con una pañolada contra el palco.