editorial

Reactivación terrorista

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La reivindicación por parte de Al-Qaida en el Magreb del secuestro de los cooperantes españoles Alicia Gámez, Roque Pascual y Albert Vilalta, así como del botánico francés Pierre Camette, confirma los temores que apuntaban a que los cuatro habían sido apresados por esta trama del terrorismo de raíz islamista que opera desde el Sahel. El anuncio de que próximamente harán llegar sus «legítimas demandas» permite suponer que los secuestradores tratarán de apurar las posibilidades que les ofrece el suspense provocado, así como las especulaciones respecto a la naturaleza del rescate que exijan, antes de fijar su extorsión final. De ahí que tanto los responsables gubernamentales como las personas más directamente concernidas por el múltiple secuestro deberían mantener una actitud de extrema prudencia hasta conocer los términos en los que Al-Qaida en el Magreb formule sus exigencias. Ayer mismo, el terrorismo de inspiración islamista perpetró una cadena de atentados simultáneos en Bagdad, acabando con la vida de más de 120 personas, y prosiguió al tiempo con sus sangrientos ataques en Pakistán. Ello demuestra que Al-Qaida es capaz de simultanear las mayores atrocidades, con las que trata de acabar con los difíciles equilibrios en que viven las sociedades de mayoría musulmana, valiéndose especialmente de las diferencias entre suníes y chiíes, con el desafío más directo que representa la captura de infieles con los que someter a chantaje a gobiernos y países democráticos. La matanza continuada de personas indefensas en Irak, Pakistán, Afganistán o India, masacradas en mercados o haciendo cola ante edificios oficiales, constituye un trasfondo que las sociedades abiertas han convertido en parte de su paisaje informativo. Pero la perpetuación de Al-Qaida y los síntomas de reactivación que muestra la galaxia terrorista requieren de un consenso más activo entre los diferentes gobiernos y las opiniones públicas frente a la amenaza terrorista. Consenso que se haría especialmente necesario si las franquicias del grupo de Bin Laden optan por prodigarse en el secuestro de ciudadanos occidentales para pedir a cambio de su libertad rescates que pongan en serios aprietos al Estado de Derecho.