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Amor de madre, según Wintour

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Anna Wintour, la jefa de 'Vogue' América, no entiende por qué la moda «intimida y pone nerviosa a tanta gente», confía en que su hija olvide la carrera de Derecho para relevarla algún día, se ríe cuando le insinúan lo fría que resulta con sus sempiternas gafas negras -«sí, hace bastante frío», suelta sin gracia-, admira a Sienna Miller pese a presentarse en su despacho con el cabello «sin buen aspecto», disfruta eclipsando a modelos y famosas... Y, sobre todo, se la ve encantada cuando le hacen la pelota en la película sobre el lanzamiento de 'Vogue' de septiembre de 2007, número que marcó un hito editorial por sus 840 páginas y sus casi dos kilos de peso.

Modistos como Óscar de la Renta, Stefano Pilati, director creativo de Yves Saint Laurent, Jean Paul Gaultier o el fotógrafo Mario Testino se muestran en el filme como corderitos muertos de miedo ante esta 'loba'. «¿Dónde está el glamour? ¡Esto es Vogue!», se queja por los lúgubres exteriores escogidos para una sesión de fotos. Resulta patético ver el escaso aprecio que De la Renta muestra por un vestido suyo sólo porque Anna no lo considera acertado para un desfile o disculparse a Pilati al apostar por tonos oscuros para sus colecciones invernales ante la mirada inquisitoria de esta mandona que detesta el negro. Asombra también escuchar los balbuceos de Gaultier cuando en una visita ¿sorpresa? a su taller parisino la poderosa editora frunce el ceño al no haberle preparado «nada especial». Y queda muy poco elegante cuando se pavonea de que Prada aligeró sus ropas tras pegar un tirón de orejas a la firma italiana por confeccionar prendas «pesadas».

«No es cariñosa ni amigable», dicen sus íntimas. Tampoco lo pretende. Se dedica a «hacer su trabajo». Lo que dice, «se hace». Veinte años lleva saboreando el éxito después de revolucionar el negocio editorial tras ser la primera en llevar a las portadas de las revistas de diseño a famosas y modelos negras. Pero, en el fondo, esta menuda mujer parece una pobre criatura. Quizá porque, como subraya su hija, hay «más cosas» que convertir la moda «en tu vida», algo que no desea para ella. «¡Ya veremos!», le replica Anna Wintour. Eso es amor de madre.