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El ascenso en Elche

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Hoy me van a permitir que vaya por el lado más sentimental y alejado un poco de las críticas y de si tiene que jugar uno u otro. Y es que estamos en la semana previa al partido de Elche y para muchísimos cadistas como yo, tenemos a la ciudad ilicitana en un lugar privilegiado de nuestros recuerdos por aquel mítico ascenso. Ya sé que hubo otro anterior, pero a algunos de mi generación aquel de Tarrasa nos cogió demasiado pequeños. Y el del 81, siendo unos niños aún. Lo sentimos y disfrutamos más y, como es lógico, lo recordamos mejor. Una foto del once de aquel partido que, hasta hace poco, seguía adornando las paredes de muchos bares. Esa foto con un estadio a rebosar y un césped salpicado de miles de papelitos nos ha estado mirando toda una vida mientras nos tomábamos un café con churros. Un Cádiz plagado de gente de Cádiz y que tenía todas las de perder ante un rival que se jugaba también el ascenso y que además lo hacían con un ambiente favorable hacia ellos y hostil con el rival.

Lo que más recuerdo es el recibimiento al equipo por la Avenida que aún hoy se me pone la piel de gallina al recordarlo. Y mira que tuve la suerte de atravesarla en dos ocasiones en los ascensos a segunda B (en el mismo autobús del equipo) y a Primera (en un autobús tras el de los héroes de Chapín), pero nada comparable con aquel que presencié desde el balcón de mi casa en la Avenida de Andalucía. Por todo eso el equipo franjiverde estará por siempre unido a la historia del Cádiz y además en las páginas agradables de estos casi cien años de existencia. En estos tiempos de globalización, ver aquel once le hace a uno valorar más si cabe la cantera gaditana y añorar esos tiempos cual abuelo cebolleta. Incluso un año el Cádiz lució como segunda equipación una parecida a la del Elche pero con la franja en celeste, que mejor manera de homenajear a un equipo que ese. Sirva esta columna de homenaje, no sólo a aquel equipo, sino a todos aquellos cadistas que pasan de los treinta y que disfrutaron como chiquillos aquel ascenso, siendo además unos chiquillos de verdad.

Y punto.