Opinion

Abierta contradicción

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El avance que supone para el definitivo cierre de Guantánamo que el cerebro de los atentados del 11-S y cuatro imputados más vayan a salir del centro de reclusión para ser juzgados por un tribunal federal se ve contrarrestado por la pena de muerte que solicitarán los fiscales para los inculpados. La condena capital se ajusta a las previsiones legales existentes en EE UU, pero precisamente por ello su pervivencia sigue constituyendo una flagrante vulneración de los derechos humanos y una apuesta por una Justicia estancada en la inaceptable ley del Talión. Obama incurre en una abierta contradicción al haber convertido la clausura de Guantánamo en uno de los objetivos de su programa para restituir el respeto a la legalidad mientras apoya condenar a los cinco acusados con la misma pena -la muerte- a la que ellos sentenciaron a sus víctimas.