Único candidato
Actualizado: GuardarE l gesto de autoridad que ayer quiso realizar Mariano Rajoy ante el comité ejecutivo de su partido y ante la opinión pública estuvo precedido la víspera por decisiones que, tanto en Valencia como en Madrid, contribuyeron a afianzar el liderazgo del presidente del PP. Sin embargo, la ausencia de Esperanza Aguirre en la reunión dejó entrever que la superación de las diferencias internas requerirá de algo más que una puesta en escena diseñada para amonestar y advertir a quienes «colaboren a debilitar la alternativa popular». Mariano Rajoy aprovechó el comité de ayer para defender la voluntad integradora que, según sus palabras, ha guiado sus pasos desde que decidiera postularse como candidato a la presidencia del partido en el turbulento congreso celebrado en Valencia en junio del pasado año. Esa voluntad integradora podrá ser puesta en cuestión por algunos miembros de su partido. Pero ninguno de ellos está en condiciones de negar los dos datos objetivos con los que Rajoy cuenta a favor: que ningún otro dirigente concurrió a la elección de presidente en aquel congreso, y que nadie, en nombre del Partido Popular, podría hoy por hoy aspirar con más garantías que él a la presidencia del Gobierno.
Es indudable que la figura de Rajoy salió ayer reforzada como líder del PP. Lo cual no permite concluir, sin embargo, que las tensiones no puedan reabrirse en el seno de la formación. Por una parte, porque aunque el presidente popular anuncie que nunca más podrán darse declaraciones públicas sobre asuntos internos, las vicisitudes partidarias forman parte de la vida pública; de manera que no resulta fácil precintar el debate interno sin afectar a la libre expresión de posiciones y a la libre circulación de informaciones. Por la otra, porque el problema de la corrupción, al que ayer se refirió Rajoy de forma genérica, provoca situaciones comprometidas a las que el PP podría verse obligado a responder conforme se vaya desarrollando el caso Gürtel. En cualquier caso, el escepticismo e incluso el distanciamiento con el que algunos miembros del PP pueden contemplar las posibilidades de éxito de Rajoy en las próximas elecciones generales continúa topándose con el incontrovertible hecho de que los populares pueden aspirar a la presidencia del Gobierno sólo si no cuestionan su candidatura.