Última Batasuna
Actualizado: GuardarL as detenciones de Arnaldo Otegi, Rafa Díez Usabiaga, Rufi Etxeberria y varias personas más por orden del juez Garzón, bajo la sospecha de que se encontrarían reorganizando la nueva dirección de la ilegalizada Batasuna siguiendo, al parecer, las directrices de ETA, vuelven a demostrar que la acción de la Justicia y del Estado de Derecho en su conjunto no parará mientras la trama terrorista persista en su intento de actuar mediante una violencia justificada por un sinfín de actividades de pretendido carácter social y político. A la acusación pública le corresponde dar cuenta de las razones que han llevado a la Audiencia Nacional a ordenar los arrestos y, en su caso, avalar con pruebas las acusaciones a las que pudiera dar lugar el proceder de los detenidos. Pero, de confirmarse las sospechas que explicarían la decisión del juez Garzón, echarían por tierra cuantas especulaciones han venido apuntando a la eventualidad de que en el seno de la izquierda abertzale estuviera gestándose una alternativa distinta a la de la inercia terrorista. Es erróneo interpretar el pasado o el presente de la banda armada como si obedeciese a un pulso constante entre duros y blandos; entre los partidarios de lo peor y los más proclives al desistimiento. Pero quienes se han apuntado a este tipo de teorías, excesivamente simplistas para comprender la sinuosidad del fenómeno terrorista, siempre han señalado a Otegi, incluso a Etxeberria, pero sobre todo a Díez Usabiaga como las únicas esperanzas de que desde el seno de la izquierda abertzale pudiera surgir un liderazgo capaz de acabar con el pasado violento y tender puentes de esperanza hacia una evolución democrática del MLNV.