conocimiento y conocer
Actualizado: GuardarInterpretando a Walter Brugger, la gnoseología, en sentido lato, comprende tanto las investigaciones psicológicas sobre la producción y esencia del conocimiento humano, como las interpretaciones críticas acerca de su validez. Incluso puede atribuírsele una metafísica del conocimiento que estudie el conocer humano en el contexto total del ente. Tomándola en sentido estricto, gnoseología equivaldría a crítica del conocimiento. Así, hablando en general, es la investigación filosófica de la validez objetiva de nuestro conocimiento, lo que nos ubicaría en la morfología de un delta con múltiples desembocaduras, en el que las palabras cobrarían un peso legal irrefutable y la comprensión llana se desorientaría. Pero, al menos, esta disquisición cordial, liviana, nos conducirá, como un lazarillo, hasta el sincero cuestionamiento de si sirve para algo el conocimiento. Muchos se lo preguntan en España y demasiados de esos muchos, opinan que ciertamente no sirve para nada.
Respetando sus argumentos, valorándolos en lo que de suicida tienen, quizá fuera justo, ecuánime, decir que el conocimiento, por puntual y puntualizado, no es útil. Es indispensable. Los límites de su área de actuación sin refugios, lo focalizan sobre lo indubitable; en el aserto categórico. El conocimiento se basa en la especialización, en la parcela saturada por la exégesis, en el saber mayúsculo, no gozando, por ello, de los apasionados alicientes de la duda y el error purificador.
El encanto de la vida, se basa en el desconocimiento asumido como humilde don. Es la inquietud minúscula sistemática. El aliciente lúcido de la vigilia perpetua que nos llena los pulmones de cándida inocencia, de pálpitos existenciales, entre otros, el de no saber lo que sabemos, o, en pirueta de saltimbanqui, el de no saber porqué sabemos lo que sabemos. El conocer no se corresponde con el conocimiento. El primero, es decurso, inquietud, ambición, magia, pasión, barrunto. El segundo, es norma inmutable, dogma, canon. Talmud. Pero para disfrutar del conocer, como aptitud universal, como atributo de todo ser humano, hay que vivir sobre el alféizar de la vida, ofrendado como una macetita de gitanillas, viendo pasar tropeles de preguntas sin respuesta. aún. Conocer los entresijos misteriosos de lo incomprensible, de lo indescifrable, de la belleza, de la armonía, de esa sonrisita de niño que, sin causa conocida, concita a la complicidad. Intriga. Conocer, supone estar vivo y el vivir sistemáticamente conociendo, ansiando conocer, para acceder a la dicha del respeto al prójimo que conoce más que nosotros. Nos enseñará a asombrarnos ante lo infinito y lo finito. Desde el amor hasta el amar, sin que la fascinación nos haga olvidar que el amar es una habilidad. Una artesanía. Ítalo Calvino dedicó tiempo a lucubrar sobre la animación de ciudades etéreas, en las que sus moradores conocían bien que aquello que conocían formaba parte indisoluble del conocer de sus conciudadanos. Hay que cavar un cauce afianzado con mampostería por el que discurra el magma ígneo del ansia colectiva por conocer. Vivir en un volcán inquieto es saludable; fascinante.