terrorismo
Actualizado: GuardarEn un libro titulado Operación Ogro, en el que la militante de ETA Genoveva Forest entrevistaba bajo seudónimos a los integrantes del comando que asesinó al Almirante Carrero Blanco, se hace una breve descripción que, aunque pudiera pasar desapercibida, siempre me resultó de suma importancia. A preguntas de la entrevistadora acerca del análisis que hace la organización terrorista del plan sobre Carrero, que en un principio fue el secuestro y luego devino en magnicidio, un autodenominado Txabi hace un balance de la situación y afirma: «Era un poco la de siempre, la caída constante de cuadros, el tratar de hacer cuadros nuevos, organizar los nuevos militantes que se incorporan a la lucha. Un poco lo que es la historia de ETA».
Cada vez que en los últimos 30 años escucho frases como «los terroristas están contra las cuerdas», «cae la cúpula militar de ETA», «ETA está descabezada» y simplismos tales, recuerdo la frase que leí hace dieciséis años.
Y de manera bastante simple por mi parte, porque sería terrible que el trasfondo de mi afirmación no estuviera descaminado, cuando se la he escuchado a los sucesivos presidentes de Gobierno y ministros de Interior, me digo: éste no se ha leído el libro de Eva Forest, y la frase de Txabi. Pero los años pasan y las frases se repiten, y lo que es peor, la anatomía trazada por aquel entrevistado acerca del poder de reconstrucción de ETA le da completamente la razón. Para que ETA tenga tal capacidad para rehacerse se necesita algo que no se acaba con la represión. A principios de los setenta, hay constancia de que algún mando de la policía en las vascongadas enviaba informes a las altas instancias de Madrid alertando sobre la peligrosa profundidad del fenómeno terrorista en sus ramificaciones culturales, y la insuficiencia de atajar el problema con medidas sólo policiales. Se necesitaba una reversión ideológica contra el nacionalismo y sus mitos. Desde Madrid, la respuesta era la misma: sólo intensificar las medidas de policía. Luego llegó la autonomía, y las manos libres para las Ikastolas. El resultado está a la vista.