semana santa en jerez

La Granja regresó al centro dos años después

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Un año sin salir es un martirio que difícilmente puede soportarse cuando durante doce meses se está trabajando para ese día de la Semana Santa en el que, por desgracia, llueve como lo hizo el Miércoles Santo del pasado ejercicio de 2008. Por ello, y porque en el caso de una cofradía tan joven como la del Soberano Poder se tiene menos experiencia de ese tipo de castigos del cielo, lo vivido ayer en torno a la Hermandad de La Granja fue verdaderamente espectacular.

Tan sólo tenía registrado en su historia un acceso a la Carrera Oficial. Y el recuerdo de aquel momento, ante el Palquillo y mientras sonaba la Marcha Real, latía fuerte, por dos años consecutivos, cuando las fuertes precipitaciones del que había de convertirse en su segundo año camino de la Catedral, asolaron el ánimo de nazarenos y costaleros. Así, y con el recorte horario en la ida que se preparó para 2008 y no se pudo probar finalmente, se hizo a la calle la cofradía.

El único paso de la Hermandad, a cambio del sufrimiento de quedarse en casa hace un año, podía ofrecer el interesante avance observado desde la gubia de Antonio Ibáñez, que ya permitía mostrar terminado de talla ese formidable altar procesional. Incluso hubo lugar para que el frontal apareciera ya dorado, en un trabajo exquisito que ha quedado a cargo de Manuel Carmona. El trono y la silla tallados... En fin, la escena, que se sitúa en casa del sumo sacerdote Caifás, hizo las delicias del numeroso público que la acompañó en todo momento durante su recorrido por las calles.

El fenómeno Soberano Poder se reafirma y consolida. La posibilidad de que una cofradía cobre, tan joven, semejante peso en la Semana Santa jerezana es una realidad obtenida a base del buen trabajo y, como nadie puede negar, del empuje de un barrio que, siendo referencia social de la ciudad a todos los niveles, no podía creerse que se mantuviera sin una cofradía entre las herramientas de vertebración de las que disfrutase. Y a la vista quedó ayer.

La Sentencia tras el barco costalero puso de acuerdo a todos en la convicción de que la agrupación musical jerezana está que se sale. Todo un remolino juvenil llegaría a reunir el paso en torno a sí y, evidentemente, también el acompañamiento de la gente de La Plazuela era un valor que sumaba a la hora de entender tanta expectación en una cofradía que se mostró firme en el propósito de una estación madurada y carente del tono heróico que se suponía había de concurrir en el empeño de acudir al centro desde La Granja. Así, ida y vuelta se convirtieron en la deliciosa experiencia disfrutada como no pudo hacerse hace un año y, felizmente, sin las probaturas de la novedad que suponía su salida hace dos, cuando se estrenaban haciendo estación de penitencia en la Santa Iglesia Catedral.