Arqueólogos españoles descubren «la Capilla Sixtina» de Egipto
Djehuty era un funcionario de la reina Hatshepsut (en torno al 1.500 a. C.) que gastaba ínfulas de faraón. Sólo así se explica el enterramiento a todo trapo que se agenció en la vieja Tebas para pasar al más allá con garantías de inmortalidad. El que fuera escriba real, guardián del Tesoro y supervisor de los artesanos reales aprovechó las ventajas de este último cargo y decoró con primor obsesivo su última morada. Una suerte inmensa para el equipo español que excava desde hace ocho años en la necrópolis de Dra Abu el-Naga, en la actual Luxor . Primero fue un raro sarcófago policromado de la XVIII dinastía, luego la tabla del aprendiz, única imagen frontal conocida del un faraón del antiguo Egipto, y el año pasado llegó el ataúd intacto de Iqer, un arquero de 4.000 años de antigüedad. Ahora Djhuty y su tumba han vuelto a sorprender con una cámara sepulcral decorada de suelo a techo con jeroglíficos y versículos del Libro de los Muertos. Lo habitual entre los notables faraónicos era acompañarse con una copia del libro sagrado en papiro. Pero Djhuty, ya está dicho, no era un dignatario normal.
Actualizado:José Manuel Galán, el egiptólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que lidera el Proyecto Djehuty, no duda en hablar de «una capilla Sixtina del 1.500 antes de Cristo» por su belleza y rareza. «Desde comienzos de la dinastía XVIII hasta el reinado de Hatshepsut y Tutmosis III, entre 1.500 y 1.450 a. C., sólo se conocen otras cuatro tumbas con la cámara sepulcral decorada», explicó al hacer balance de la VIII campaña. Puede que Djehuty fuera el primero que se homenajeó con tal lujo, significándose entre «los intelectuales y escribas más creativos al servicio de Hatshepsut», una de las contadas mujeres que ejerció de faraón.