Entre sábanas de Holanda
Fuensanta La Moneta trajo a Jerez una obra cargada de tensión y buen hacer Su sola mirada bailó por seguiriyas
Actualizado:Resulta extraño, al menos en el Festival de Jerez, que un espectáculo que se sitúa en Villamarta tenga tan corta duración. Una hora y poquito más para dar rienda suelta al baile de Fuensanta La Moneta.Y esto no quiere decir necesariamente nada.
La granadina ha diseñado un espectáculo que cuesta catalogar. Por un lado, el nombre De entre la luna y los hombres, que a priori poco o nada tiene relación con el espectáculo, y por otro la extraña relación que parece establecerse entre ella misma a través de pasajes en los cuales se encuentra asu otro yo más personal. El reflejo de una bailaora, ama de casa ataviada de estar por casa, tendiendo la colada con la que juega, a través de su baile. La voz del Parrón la incita, descalza, a hacer las labores. Se pierde entre las sábanas mientras empieza a regalar la cristalina pureza de un baile que irradia estremecimiento.
Su rostro lanza miradas furtivas que lo dicen todo. El abanico se sostiene en la guajira. Se impone la calidez del ritmo cubano. Cuando entra en escena la farruca, el baile se apodera de ella. Un resquicio de Carmen Amaya parece vislumbrarse en su imagen. Con pantalón y espalda descubierta le gana la batalla al baile. Su racialidad se enzarza en pasos de gran carga flamenca. El juego entre las dos caras de la bailaora llega entre sábanas, en forma de holograma, de nuevo con lo que supone la provocación de sus dos egos. Sentados en una silla, mientras, uno baila el otro se encierra y no mueve pieza.
Una tímida soleá
Y es que la timidez con la que comenzó por soleá fue abrumadora. Una quietud inicial dio paso a la tensión, con un braceo elegante, y una concentración en los pies sin limite.
La pasión se dilucida cuando se engalana con un tubo telar rojo. Y es aquí donde se supone que debe entrar en escena esa relación que refleja y esconde el título de la obra, que no es más que una relación pasional con los hombres y el efecto que produce la luna. Por seguiriyas apareció la energía. Un despliegue de potencia y de fortaleza. La forma con la que mueve la bata roja y su particular taconeo traspasa la frontera del drama y el misterio. Sólo con su mirada bailaba, contemplaba al público para después taconear con sus ojos. Volvió a jugar con las inmensas sábanas que colgaban del coliseo jerezano, con el camisón con el que abrió la noche, continuó descalza y de nuevo apareció ataviada con ropajes de estar por casa.
El montaje escénico corrió a cargo del maestro Hansel Cereza, una obra simplemente diferente. Y como en todo fue el público el que puso nota al espectáculo. Lleno total y entrega de éste en un derroche de palmas como agradecimiento a su danza.