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Pep Guardiola o la fábula del oso
El técnico azulgrana avisó varias veces de que la actual mala racha llegaría La buena noticia es la vuelta de Iniesta
Actualizado: GuardarPueden usarse términos más ofensivos o más técnicos según desde la zona geográfica donde se pronuncien, pero todos sirven para explicar la misma realidad: un Barça que llevaba 12 puntos de ventaja al Madrid y parecía intocable ha pasado en tres jornadas a mantener el liderato con sólo cuatro puntos de diferencia y ofreciendo una alarmante imagen de fragilidad.
Es la consecuencia de haber encadenado un empate ante el Betis (2-2) con dos derrotas ante el Espanyol (1-2) y Atlético (4-3). En medio, otro encuentro preocupante: el 1-1 en Lyon fue un buen resultado de cara al partido de vuelta de los octavos de final de la Champions League, pero tapó una primera parte horrorosa, los peores minutos de la temporada. No hay que darle más vueltas. La dinámica azulgrana es negativa. Algo pasa, aunque se intente transmitir un mensaje de confianza. «Ahora mismo, somos la envidia de España. Doce puntos de ventaja estaban bien, pero cuatro también son buenos, mejor que ninguno. Estamos a un paso de la final de Copa y con la eliminatoria de octavos en la Champions pendiente de decidir en casa. Y líderes en la Liga. Si esto es una crisis...», explicó este lunes Sylvinho, el encargado de dar la cara ante los medios de comunicación.
Entre otras cosas el veterano lateral brasileño aseguró que «físicamente el equipo está excelente», un hecho que podría discutirse. A nadie se le escapa que estar vivo en las tres competiciones ha pasado factura física al equipo de Pep Guardiola. Sólo en el mes de enero el Barça disputó ocho partidos entre Liga y Copa mientras que el Madrid, ya eliminado del torneo del KO, jugó la mitad.
Del conjunto azulgrana todo el mundo alaba su posesión de balón, sus rápidas combinaciones y capacidad goleadora, pero para que todo eso funcione es imprescindible que la presión adelantada sea efectiva. Y eso no ha sucedido en los últimos partidos porque portentos físicos como Alves, Touré o Messi, por poner tres ejemplos significativos, han perdido chispa. Posiblemente la recuperarán porque los preparadores físicos prevén esos bajones en sus planificaciones, pero de momento Guardiola no encuentra en el banquillo las garantías suficientes como para dar aire a su once inicial. En los partidos más trascendentales ha quedado claro que no confía demasiado en Bojan, Hleb, Cáceres e incluso Keita. Sin esa explosividad, llega la descoordinación entre líneas y los huecos en defensa en un Barça muy mecanizado, quizás demasiado.
Los problemas han llegado, curiosamente, desde que Eto'o centró el debate del barcelonismo en su futuro con aquel mensaje que pudo enturbiar el buen ambiente en el vestuario: «No me gustan nada los jugadores que besan su camiseta tras marcar un gol porque no dudarán un segundo en cambiar de equipo si al día siguiente alguien les ofrece unos millones más. El club de mi corazón es el Mallorca y actualmente trabajo para el Barça». Pocos días antes Messi había respondido al supuesto interés del Madrid besándose el escudo al marcar un gol... Con el Pichichi pensando en otras cosas, el hasta ahora regular Valdés está dando argumentos a sus numerosos detractores con una serie de errores imperdonables. Cuando todo se tuerce...
Vuelve Iniesta
Lo cierto es que no se puede acusar a Guardiola de que no anticipara lo que está pasando. Al contrario. Casi habría que criticarle porque su historia parece la del pastor de la fábula. Tanto anunciar que venía el lobo con sus repetitivos mensajes de prudencia (muy recordado por exagerado es el que formuló antes de enfrentarse al Benidorm en la Copa) que cuando realmente ha llegado el lobo le están comiendo las ovejas. Cómo será el asunto que en la parodia semanal de Crackovia, programa de humor de TV3, se presenta a un Guardiola que disfruta con los goles del rival. Ni el técnico azulgrana parece encontrar la solución porque puede que tampoco se creyera demasiado sus propias palabras, relajado y desprevenido por lo bien que funcionaba todo.
Ahora vuelve Iniesta, cuya baja por lesión ha coincidido con las dos derrotas consecutivas. Se trata del mejor refuerzo posible para entonar todos juntos el «nos levantaremos», mensaje que Guardiola volvió a usar tras la derrota en el Calderón. El primer paso es cerrar el miércoles en Mallorca el pase a la final de Copa del Rey.