La envidia profesional
Actualizado:Ziryab fue un joven músico musulmán, que tuvo que huir de Bagdad víctima de la envidia de su maestro Ishac. Ziryab se instaló en Córdoba, y fue el precursor de lo que hoy conocemos como música arábigoandaluza.
Según cuenta la historia novelada, su maestro Ishac le conminó a abandonar la ciudad con estas palabras: «La envidia es uno de los vicios más bajos, y, sin embargo, uno de los más comunes en este mundo, sobre todo, entre gentes del mismo oficio. En vano luchan los hombres contra ella, pues jamás pueden conquistarla. No puedo dejar de confesarte que yo mismo soy víctima de sus ataques. Envidio tu talento y la alta estima que has sabido suscitar en el Califa, y no veo modo de librarme de ello sino despreciando tus facultades ante todos. Pero aún así, en breve aumentaría tu reputación, y la mía se iría desvaneciendo hasta ser considerado tú por todo el mundo, como superior a mí. Y esto, ¿por Alah!, no lo sufriré yo ni de mi propio hijo».
Ishac con esta sincera y noble confesión, está invitando a Ziryab a que siga su carrera musical en solitario, y sobre todo, que lleve sus dulces sones lejos de los oídos del Califa, ya que ésta es la única posibilidad que tiene Ishac, de poder llegar hasta el día de su muerte sin conocer ni padecer penurias. Que Ishac le manifestara a Ziryab su envidia y sus posibles consecuencias, es algo que le ennoblece sobremanera, debido seguramente a la admiración y al orgullo que siente el maestro de su discípulo. Ziryab es la proyección y la continuidad del maestro Ishac, éste lo sabe, y por tanto prefiere recurrir a la advertencia antes que a la difamación y la ignominia.
Otro de los ejemplos más claros y reciente fue el que nos expuso Francis Ford Coppola en la película Amadeus, donde Antonio Salieri aparece como el más ferviente admirador de Wolfgang Amadeus Mozart y al mismo tiempo su más encarnizado enemigo. Desde que aparece Mozart en su vida, ésta deja de serlo, y hasta el día de su muerte vive atormentado, víctima de la envidia y de la admiración. Esa relación amor odio que siempre acompañan al envidioso, porque es Antonio Salieri desde su condición de maestro quien mejor entendía y más admiraba al genio. Mozart era capaz de hacer con suma facilidad y en condiciones físicas y psíquicas inferiores, obras melódicamente perfectas, con un colorido armónico y una originalidad de suma belleza, según Salieri, algo propio de alguien muy superior. Antonio Salieri fue maestro de Beethoven, de Shubert y de Liszt entre otros, pero una cosa es ser un excelente maestro y otra muy distinta ser un genio.
Don Miguel de Unamuno en su novela San Manuel Bueno y Mártir nos dice que la envidia la mantienen los que se empeñan en creerse envidiados, y las más de las persecuciones son efecto más de la manía persecutoria que no de la perseguida. Y ni que decir tiene, que no hay dichoso sin envidia de muchos, ni desdichado sin desprecio de todos.
Francisco Rodríguez Apolo. Cádiz