Opinion

Rigor y voluntarismo

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

El encuentro celebrado en Madrid sobre la relación de España con el Fondo Monetario Internacional ofreció ayer pronósticos y reflexiones de interés respecto a las consecuencias de la crisis y a las medidas que pueden adoptarse frente a la misma. Las previsiones expuestas por Dominique Strauss-Kahn, vaticinando para España una contracción de al menos un 1% el próximo año, situando la salida de la crisis a finales de 2009 o principios de 2010, y apuntando que el déficit público podría llegar al 5%, fueron de hecho ratificadas por el vicepresidente Solbes que no pudo más que mostrar la «voluntad» del Gobierno de trabajar para que ese horizonte no se cumpla.

Las instituciones internacionales, entre cuyos cometidos está analizar la evolución probable de las economías nacionales, tienden a ofrecer pronósticos más inquietantes que los expresados por los gobiernos responsables de dinamizar el tejido productivo de cada país. Pero ni las primeras pueden despreocuparse de los efectos que sus diagnósticos generan en los mercados y en la sociedad, ni los segundos enrocarse en un discurso voluntarista que convierta la acción política en una suerte de desafío frente a tendencias previstas con rigor pero que se desdeñan públicamente.

En cualquier caso, quizá la parte más preocupante de la intervención de Strauss-Kahn ayer fue su consideración del compromiso alcanzado en el Consejo de Ministros de la Unión Europea de la pasada semana como «algo menos de lo que hace falta». El director gerente del Fondo Monetario Internacional subrayó lo que resultaba evidente desde que la Comisión Europea propusiera su plan: la dualidad de los 27, entre los que algunos países podrían realizar un esfuerzo mayor que el fijado y otros no se encuentran en condiciones de cumplir, sin endeudarse en exceso, con la cuota de estímulo fiscal asignada. La adopción de medidas por las que el erario público contribuya a mantener la actividad económica se ha convertido poco menos que en una cuestión a salvo de toda apreciación crítica. A ello contribuye el hecho de que hoy resultaría prematuro evaluar su eficacia real. Pero sería deplorable que, siendo la opacidad del universo financiero una de las causas de la crisis, los planes puestos en marcha para paliar sus consecuencias acaben formando parte del tabú.