Planes con reservas
Actualizado: Guardarl veto del Senado estadounidense al plan de rescate de las tres grandes compañías automovilísticas del país -General Motors, Chrysler y Ford- reproduce las dificultades para su aprobación que ya sufrió en su día el proyecto de salvamento del sector financiero. Al igual que entonces, el freno a una iniciativa que había generado tantas expectativas comporta el riesgo no sólo de desalentar a las Bolsas internacionales, sino de incrementar las incertidumbres sobre el futuro de una industria de la que dependen 250.000 empleos sólo en EE UU, agudizando a su vez las zozobras que sacuden al sector en el resto del mundo, España incluida. La posibilidad de que los 14.000 millones de euros previstos para dotar de liquidez inmediata a General Motors y Chrysler, a las que acecha la bancarrota, partan finalmente del fondo general de 700.000 millones de dólares refrendado en octubre permitiría una solución al bloqueo que consagraría la disposición de las autoridades norteamericanas a salir en ayuda de aquellas multinacionales que constituyen la matriz de las plantas distribuidas por todo el planeta. Lo que, a su vez, restaría argumentos a quienes se muestran reticentes a respaldar a sectores concretos en una crisis de efectos tan extensivos. Pero son precisamente esas consecuencias las que obligan a discriminar las intervenciones públicas. En este sentido, la notable cualificación de quienes trabajan en la automoción; el valor añadido que genera toda esta industria; y la posibilidad de que algunos de los lastres coyunturales que está sufriendo, como las restricciones crediticias, puedan solventarse a través de las múltiples medidas que se han ido adoptando justifican el compromiso institucional con el sostenimiento del sector. Pero este aval público debería condicionarse a una reorientación de la actividad que identifique los déficits insalvables y la readecue a las nuevas demandas del mercado.