Evitar el maltrato
Actualizado:La conmemoración hoy del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres supone un recordatorio imprescindible de una herida social que adquiere su dimensión más dramática en los países consumidos por conflictos irresueltos o lastrados por la falta de democracia, pero que sigue constituyendo un doloroso desafío para estados avanzados como España. Esta jornada ha de subrayar, ante todo, la tragedia sufrida por las 57 ciudadanas asesinadas en nuestro país en lo que va de año y de tantas otras que perdieron la vida antes que ellas por efecto de un letal afán de dominación. Sin embargo, es precisamente la huella imborrable de las víctimas mortales la que ha de convertir efemérides como la de hoy en un estímulo no sólo para evitar la expresión más irreparable de la violencia machista, sino para prevenir los malos tratos que, de una manera u otra, pueden acabar desembocando en desenlaces muy difíciles de resarcir. Cuando están a punto de cumplirse cuatro años de la aprobación de la Ley integral contra los malos tratos, resultaría cicatero negarle los avances logrados en la persecución de los delitos y la protección de las mujeres amenazadas y agredidas, como lo es, tal y como subraya el Observatorio del Poder Judicial, exigirle a esta norma unos resultados de visibilidad inmediata. Pero el goteo incesante de asesinatos y la convicción de que el pánico atenaza aún a muchas mujeres que no se atreven a denunciar sí obliga a revisar críticamente la aplicación de una legislación cuyos ambiciosos objetivos no se han visto correspondidos con recursos suficientes. Prueba de ello son algunas de las medidas acordadas o solicitadas en los últimos días, como la tardía extensión del uso de las pulseras con GPS para controlar a los maltratadores, la modificación del reglamento para que los jueces reciban formación específica contra este tipo de violencia o la petición para reorientar el precepto legal que, con carácter general, permite a una mujer no declarar contra su marido. Con todo, las carencias detectadas en el desarrollo de la Ley no debería llevar a concentrar los esfuerzos únicamente en la mejora de los medios disponibles, aunque éstos sean esenciales. Porque también es preciso velar por la adecuada formación en valores que refrene desde la escuela el germen del machismo y, sobre todo, por empoderar de forma efectiva a las víctimas para que puedan reconstruirse por sí mismas en lo que son y no les dejaron ser.