
Del Parlamento al juzgado
¿Llamar desequilibrado o trilero al rival es una crítica política o un insulto? La denuncia de Javier Arenas contra Luis Pizarro reabre un debate añejo
Actualizado: GuardarLa frontera entre la crítica política y el insulto se antoja estrecha. Pero en un debate parlamentario no cabe todo. El parapeto de la disputa ideológica ha servido en ocasiones para coquetear con la injuria y la calumnia.
Una expresión fuera de tono logra desviar la atención de fondo a las formas sin mucho esfuerzo. Y eso, según en qué momentos, se considera una ganancia. El primer curso político de la octava legislatura concluye inmerso en esta dinámica. Seguidores de esta técnica los ha habido y los hay en todos los partidos, aunque el exabrupto es un virus inoculado en todo orador público que puede desarrollarse de forma inesperada.
El problema se presenta a la hora de discernir dónde está el límite entre un reproche y un insulto. Las alusiones personales tienen cada vez más cabida en los turno de atril en el antiguo Hospital de las Cinco Llagas y en las sedes regionales de los partidos.
El Partido Popular de Andalucía ha sido el primero, en este mandato, en recorrer ese delicado sendero que va desde el parlamento a los tribunales para defender, en este caso, el honor de su líder Javier Arenas.
El Supremo ha admitido a trámite una demanda del presidente del PP-A, parlamentario y senador, contra Luis Pizarro, vicesecretario general del PSOE-A, parlamentario y senador. El máximo órgano judicial de España deberá decidir, dada la condición de aforado del demandado, si Pizarro atentó contra la imagen de Arenas al afirmar, el pasado 10 de julio, en sede parlamentaria que Arenas tenía «un discurso de matón de discoteca con el que representa una política de vender baratijas». Los populares anunciaron esta misma semana que complementarán esta acción judicial con las últimas declaraciones de Pizarro, en esta ocasión en la sede regional de su formación en la calle San Vicente, en las que llamó a Arenas «desequilibrado» y le recomendó que acudiera «al sicólogo o al siquiatra».
Javier Arenas tiene una teoría sobre este comportamiento de la cúpula del PSOE-A. Asegura: «El socialismo tiene la sensación de que está más cerca que nunca la posibilidad de perder el poder en Andalucía, lo que les pone extraordinariamente nerviosos». Esto le hace temer años muy duros hasta las próximas elecciones autonómicas, que se celebrarán en 2012.
Ganar en las urnas
Pese a que la acción judicial la ha presentado contra Pizarro, Arenas otorga al presidente de la Junta la responsabilidad de estos comentarios. «A Manuel Chaves, le sobra la oposición, los sindicatos, los empresarios y la libertad de expresión», acota.
La respuesta del PSOE-A no ha sido, por el momento, devolver visita a los tribunales y presentar una contradenuncia. Aseveran que andan sobrados de material para poder hacerlo. De hecho, la dirección regional ha glosado en un documento interno, al que ha tenido acceso este periódico, las últimas perlas que dirigentes populares le han dedicado a sus homólogos socialistas. Rafael Pizarro, secretario de Organización del PSOE-A analiza las denuncias del PP-A desde otra perspectiva: «Me produce tristeza ver al líder de la oposición dedicarse a llevar a los tribunales a quienes no puede ganar en las urnas», subraya.
Los socialistas defienden una teoría que han popularizado los jugadores de fútbol: lo que pasa dentro del terreno de juego, se queda en el terreno de juego.
Escenifican de esta manera que pisotones, gritos y además durante el fragor del partido, caduca cuando el árbitro señala el final de la contienda. Los dirigentes del PSOE-A defienden que, salvo injurias graves, el resto del debate político no debe traspasar el zaguán que une, o separa, el parlamento de los tribunales.
«Arenas ha perdido totalmente los papeles, pues, en lugar de hacer política, está judicializando la política, y con eso conseguirá poco, entre otras razones porque los ciudadanos de lo que están preocupados es de la economía, del transporte, de las infraestructuras y de, en definitiva, mejorar su calidad de vida», indica Pizarro.
Los socialistas, además, consideran cínica la postura del PP-A. Invitan a echar un vistazo a las hemerotecas para comprobar que, según sus datos, el 95 por ciento de los insultos que se han producido en la política han salido de la boca de los dirigentes del PP.
Catálogo
Algunos de ellos forman parte de ese glosario interno con el que piensan defenderse en público. Así, en las próximas intervenciones de miembros del PSOE-A escucharemos o leeremos alguno de estos recordatorios.
Antonio Sanz, vicepresidente del PP-A, declaró el pasado 14 de noviembre: «Chaves es el gran cacique de Andalucía que se ha convertido en un político agotado que sólo dice tonterías y al que le gusta el lujo y los palacios».
El mes pasado, fue el propio Arenas quien, en alusión a un periplo institucional que Chaves realizó por el Cono Sur dijo: «Este viaje es más una excursión que tiene más de carácter lúdico que de trabajo real de un Chaves arrogante y prepotente».
Dentro de este mismo catálogo incluyen una frase de Esperanza Oña, portavoz del Grupo Parlamentario del PP, pronunció en una de sus intervenciones:«Ser socialista es ser peor andaluz».
Como argumento de que el PP «insulta más y desde hace más tiempo» dentro de una estrategia global, se adjuntan comentarios de años anteriores pronunciados por otros líderes no andaluces. Así, en 2005 Rajoy califica a Rodríguez Zapatero de «irresponsable», de no estar en sus «cabales» y de «bobo solemne».