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Opinion

Los vestidos I

JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ GUERRERO
Actualizado:

Por la misma razón que los vestidos son los objetos que más cambian de moda, son también los que más pronto pasan de moda. Creo que fue Coco Chanel quien afirmó que «moda es todo lo que puede pasar de moda». Pero hemos de advertir que, a veces, lo que cambian no son los vestidos, sino sólo las palabras que los designan. Estas transformaciones evidencian que, como ocurre con otras manifestaciones humanas, cambian más las mujeres que los hombres.

Ellas, sin duda alguna, no sólo poseen una mayor facilidad de adaptación sino que suelen ser más libres, menos convencionales y hasta es posible que les encanten, más que a los hombres, los objetos nuevos, que les seduzca el misterio de estrenar obras recién salidas del horno, disfrutar de sensaciones nuevas y liberarse del hastío que producen las experiencias ya conocidas.

Fíjense cómo, sin dejar de usar sus prendas convencionales como las faldas, las medias o los zapatos de tacón alto, han adoptado con la mayor naturalidad del mundo algunos vestidos que, hasta hace poco tiempo, eran usados casi exclusivamente por los varones como, por ejemplo, los pantalones, las chaquetas, las camisas y las corbatas.

Aunque la indumentaria femenina ha experimentado en los último años una visible evolución, en aras de una mayor comodidad -y posiblemente de una mayor libertad-, algunas prendas casi han desaparecido como el velo -que ya no lo llevan ni siquiera la mayoría de las religiosas- y como aquellos componentes de la ropa de luto riguroso o de alivio o de medio luto.

Aunque algunas señoras siguen utilizando la «combinación» debajo de un vestido transparente, esta prenda también ha desaparecido de la mayoría de los fondos de armario. La «combinación», hace cerca de medio siglo, la llamábamos «enaguas» y era una falda que se ponía debajo del vestido y encima de las prendas más íntimas. También se llamaba «bajera», pero en la actualidad esta palabra nos sirve para designar la sábana que colocamos directamente encima del colochón. Algunos libros de costura explican que las bajeras ayudaban a hacer que las faldas exteriores colgaran más suavemente y, también servían para evitar el roce y la irritación que las telas más ásperas - como por ejemplo las de lana- pudieran producir en la piel "http://es.wikipedia.org/wiki/Piel" y para que, durante el verano suavizara el calor y protegiera las telas finas de la transpiración corporal.

En la ropa interior femenina, como todos sabemos, se han producido abundantes transformaciones, no sólo en los términos con los que se designan cada una de las piezas sino también en los modelos, en la calidad de los tejidos y en las funciones. Para referirnos a las tiendas especializadas decimos de lencería fina, de moda íntima o, incluso, women´secret. No se le ocurra, por favor, pedir un sostén, una faja, un zagalejo, unos calzones ni, mucho menos, unos cucos, pero sí podrá comprobar la amplia variedad de sujetadores, bragas, tangas, vedetinas, picardías, bustiers, corselets, bodys, tedys, tops, pantys que allí se exhiben.

Y es que la ropa interior, además de cumplir con las funciones de abrigar y de garantizar la higiene personal, es un lenguaje estético que, al ritmo de las transformaciones sociales en general y de la emancipación de la mujer en particular, se usa con una finalidad expresiva, comunicativa y, a veces, seductora.