Medidas de excepción
El Gobierno adoptó ayer dos decisiones excepcionales que dan la medida de la inquietud que la crisis financiera está transfiriendo al conjunto de los gobiernos europeos. La decisión de elevar las garantías para los ahorradores desde los actuales 20.000 euros por titular y entidad hasta 100.000, duplicando así el mínimo pactado ayer en Luxemburgo por los ministros de Economía de la UE, responde a la voluntad del Ejecutivo tanto de generar confianza en un momento de abatimiento de los mercados, como de resituar a España en una situación pareja a la de aquellos estados que han elevado en los últimos días la salvaguarda de los depósitos de sus ciudadanos amenazando con ello las reglas de la libre competencia. Junto a ello, el presidente Rodríguez Zapatero anunció la apertura de una línea de financiación a cargo del Tesoro de 30.000 millones de euros, ampliables a 50.000, para dotar de liquidez a la Banca, tratar de reactivar las operaciones crediticias y reanimar así la inversión. La medida resulta del todo pertinente para aliviar el lastre que soportan las entidades financieras españolas en estos momentos, que no es la falta de solvencia sino las elevadas necesidades que conlleva su endeudamiento. A la espera de que el Gobierno precise de qué modo se van a evaluar los "activos de máxima calidad" que actuarán como garantía para el nuevo fondo, las dos iniciativas hechas públicas ayer reflejan su determinación de responder frente a una crisis que ya había forzado a intervenir a otros gobiernos europeos.
Actualizado: GuardarCon todo, cabe preguntarse por qué la inyección de liquidez no se impulsó antes dado que el riesgo de estancamiento económico lleva meses agudizándose; y también qué motivos propios, más allá de las fuertes turbulencias internacionales, han llevado a quintuplicar la cobertura de unos depósitos que el propio Gobierno y otras instituciones consideran del todo protegidos. La gravedad de las dificultades exige que los mensajes tranquilizadores se combinen con habilidad con unas decisiones que a cada paso adquieren un carácter más extraordinario. Pero el sosiego que se persiguen con ambos gestos difícilmente podrá arraigar en los mercados europeos mientras persista la debilidad en los liderazgos exhibida en un momento tan crítico como el presente y mientras los mínimos puntos de acuerdo, como el cerrado ayer en Luxemburgo, se vean contrarrestados por las reacciones unilaterales de los estados miembros. La tormenta financiera mundial ha dejado al descubierto la falla que conlleva haber impulsado un mercado común con una moneda única pero sin haberlo dotado de los elementos básicos de un gobierno económico federalizado. Ante esta doble crisis de liquidez y de solvencia, es imprescindible encontrar soluciones europeas para garantizar con igualdad y justicia los derechos e intereses del conjunto de ciudadanos de la UE.