El elevado precio de los carburantes dispara los robos de gasóleo en la provincia
El crudo y el cobre constituyen los nuevos botines de las bandas especializadas que aprovechan la carestía de estos productos para obtener grandes beneficios
Actualizado:Los rostros de los conductores cada vez que llenan los tanques de sus coches; las protestas, meses atrás, de los camioneros autónomos que clamaban por ayudas para aliviar el destrozo en sus economías que está produciendo la constante subida de los carburantes o los efectos que tiene el encarecimiento de la gasolina en la tan cacareada crisis económica han sido las caras más visibles del fuerte incremento del precio del combustible. Pero existe otro efecto colateral que están padeciendo los transportistas: los robos de gasoil, y con una preocupación añadida.
Al igual que ocurre con el cobre, las últimas sustracciones de crudo denotan un cierto nivel de profesionalidad que demuestran que el oro negro, en su versión diesel, es el nuevo botín que buscan bandas más o menos organizadas. Una de ellas, compuesta por cuatro ciudadanos rumanos, cayó a principios de agosto en el Campo de Gibraltar. Estos ladrones alimentaban sus ganancias con los camiones de la empresa en la que trabajaban, a los que dejaban sin gasoil de noche. Cuando el Instituto Armado informó de las detenciones confirmó que este tipo de golpes estaban convirtiéndose en algo habitual en esa comarca gaditana. En su homóloga Comandancia de Cádiz coinciden en el análisis que señala un repunte de este tipo de robos en su demarcación, que comprende la Bahía, la campiña jerezana y la Sierra.
El elevado precio que ha alcanzado la gasolina es la causa que está detrás de estos delitos. Lo mismo ha ocurrido con el cobre, que pasó en apenas dos años de venderse entre dos y tres euros -el kilo- a pagarse a ocho. Esta revalorización fue determinante para que las obras, las instalaciones públicas de alumbrado o de trazado ferroviario se situaran en el objetivo de los cacos profesionales, que cogieron el relevo de los delincuentes habituales que tradicionalmente habían estado robando pequeñas cantidades de metal.
Pasar desapercibidos
Meses atrás este periódico informaba del auge que estaba adquiriendo la sustracción de cobre, que no ha pasado desapercibida porque muchos golpes perpetrados afectaron directamente al tráfico de trenes, provocaron apagones o dejaron sin servicio de teléfono a poblaciones enteras. Todo lo contrario que los robos de gasoil, que al tener unas repercusiones que sólo soporta el afectado, no ha tenido la misma difusión, pese a las numerosas denuncias que llegan a las comisarías y cuarteles de la provincia.
No existe una estadística oficial del número de denuncias que se han formulado hasta ahora de particulares o conductores profesionales afectados, aunque por tener una referencia mínima, desde que empezó 2008 los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado han informado de al menos medio centenar de sustracciones de gasoil en Cádiz.
Parques eólicos
En cuanto a los robos de cable de cobre, existe un dato novedoso con respecto a lo ya publicado en meses anteriores. Los últimos golpes que investiga la Guardia Civil se están produciendo en futuras instalaciones de parques eólicos, donde no existe apenas vigilancia. Sirve de ejemplo una finca jerezana, el Cortijo de Doña Benita, donde se van a ubicar molinos para la obtención de energía. De esta extensa parcela se llevaron cables por valor de unos 9.800 euros en dos robos ocurridos en mayo y a finales de julio.
El presidente de la federación provincial de transportistas de mercancías -incluida dentro de la Confederación estatal CETM-, Antonio Gutiérrez, confirma que este tipo de delincuencia que padecen desde hace años, está actuando ahora con más intensidad. «La situación se está agravando y por desgracia no tenemos mucha ayuda de las autoridades que siguen impidiendo que los camioneros puedan estacionar de noche en los cascos urbanos». Esa limitación les convierte en presa fácil porque los ladrones tienen a su favor un escenario apartado de miradas.
El roto económico que sufre cada transportista víctima de estos palos es muy considerable. «El tanque de un camión puede guardar unos 1.000 litros, que equivale a unos 1.200 euros que el camionero debe reunir de nuevo para poner en marcha su vehículo». Pero ese varapalo en las cuentas del transportista no se resiente únicamente al pasar de nuevo por la gasolinera: «Muchas veces los ladrones provocan daños en la cabina, en los tapones que cierran los depósitos y por no hablar de las consecuencias que puede acarrear si el camionero lo tenía todo listo para salir a la carretera». Gutiérrez explica cómo el servicio de transporte se puede demorar, generando una serie de molestias que pueden incluso poner fin al servicio contratado. «Si la empresa que espera una mercancía no le llega a la hora pactada, puede dejar de contratar a ese camionero». Lo que empieza como un simple robo de carburante puede llevar al traste con un trabajo.
El colectivo más afectado por los robos también está siendo testigo de cómo la técnica se está perfeccionando, con el único fin de sacar un mayor rédito económico. «Antes hacían un agujero hasta llegar al depósito, enganchaban una especie de caña o manguera y dejaban que cayera todo el combustible en otro recipiente. Ahora actúan con bombas de extracción para sacar el gasoil de varios vehículos en pocos minutos».
Pocas detenciones
El esclarecimiento de estos delitos se torna en misión casi imposible si los cacos no son pillados in fraganti. El cobre o el combustible sustraído tiene como destino su venta en el mercado negro. Los ladrones saben que tan pronto se deshagan de la mercancía, las probabilidades de que sean descubiertos disminuyen notablemente. Algo que tan bien saben en la Guardia Civil, donde reconocen las dificultades que existen para practicar detenciones. «Muchos camioneros ni siquiera denuncian porque saben que no van a dar con los ladrones. Además, temen que encima los sancionen por cualquier cosa. Se ha dado el caso de que un transportista ha sido víctima de un robo y al llamar a la Policía, le multaron porque había estacionado en un lugar no permitido», comenta Gutiérrez. Con la subida de los carburantes y ahora los robos de gasoil, los camioneros viven en una permanente cuesta de enero.
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