Huelga de autobuses
La huelga de una empresa de autobuses de Málaga estuvo a punto de condicionar no sólo el viaje de los seguidores amarillos a Málaga el pasado fin de semana, sino también el de los futbolistas amarillos a la capital de la Costa del Sol. Está claro que los conflictos laborales están a la orden del día y si hubiese sido al revés, es decir, si el partido hubiese sido en Carranza y la protesta en la Tacita no hubiesen faltado las voces de siempre para decir aquello de «esto sólo pasa en Cádiz». Pues no, pasa también en otros sitios.
Actualizado: GuardarPero a lo que vamos. Como todo el mundo sabe, los futbolistas tuvieron que ir a La Rosaleda en monovolúmenes. Y al parecer la medida, que hubiese sido aplaudida por algún seguidor cadista acérrimo y cabreado por la falta de implicación de algunos, tuvo su resultado. Se empató en el campo de uno de los equipos todavía aspirantes al ascenso.
Ya en la pizarra, Julián Rubio también decidió organizar al equipo en monovolúmenes. Para empezar, metió en el coche central a César sentado a la derecha y a dos futbolistas de altura, De Quintana y De la Cuesta, a los que les costó entrar en el centro por la altura pero que demostraron su eficacia, y Raúl López que se acomodó por los pelos y a punto estuvo por culpa de su cabeza de meterse en un lío. En el segundo monovolumen situó a Bezares, Paz y Parri. Al primero lo dejaron incluso conducir en alguna ocasión pero acabó pasado de revoluciones, le quitaron los puntos y lo pagará el domingo. En el tercer monovolumen, Dani y Natalio en las esquinas. El primero se movió bastante y el segundo parece Alonso, porque ya se le ha olvidado eso de conducir. En el centro Gastón fijó a los que en la carretera controlaban la seguridad en blanquiazul.
Todo salió bien. Eso sí a los críticos les ha faltado tiempo para decir que Rubio puso en Málaga el autobús. Y eso era imposible. Entre otras cosas, porque había huelga.