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PEKÍN. Automovilistas recuerdan a los afectados. / AP
MUNDO

China se paraliza para rendir homenaje a las víctimas del terremoto de Sichuán

Las autoridades de Pekín temen que el número de muertos alcanzará los 71.000 al término de las labores de rescate

ZIGOR ALDAMA
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Van a dar las 14.28 horas. Los empleados de oficinas y de todo tipo de establecimientos salen a la calle Huaihai, en el centro de Shanghai. Viandantes y vehículos se detienen, y todo queda en un silencio sepulcral. Incluso los semáforos que cuentan con señales acústicas son desconectados. Entonces un coche hace sonar la bocina de forma ininterrumpida. Se le unen taxis, autobuses y motocicletas. El pitido recorre la capital económica de China mientras sus veinte millones de habitantes bajan la cabeza y derraman lágrimas por los 34.073 muertos que dejó el seísmo del día 12, cuya fuerza fue ayer aumentada a grado 8 en la escala de Richter por el Servicio Sismológico de China.

Según las autoridades, el número de fallecidos podría duplicarse -hasta 71.000-, puesto que las posibilidades de encontrar a víctimas con vida bajo los escombros son cada vez menores, aunque dos mujeres fueron ayer rescatadas del infierno en el que se ha convertido la ciudad de Beichuán. En total, hay casi 250.000 heridos y unos cinco millones de personas han perdido sus hogares y se encuentran hacinadas en tiendas de campaña y bajo toldos de plástico, condiciones que, según la Organización Mundial de la Salud, son idóneas para la aparición y rápida propagación de epidemias.

Ayer, en un gesto que se guarda sólo para rendir homenaje a líderes políticos muertos y que nunca antes se había utilizado tras catástrofes naturales, China quedó completamente paralizada, y declaró tres días de luto oficial. Centros escolares y universitarios, fábricas, empresas, aeropuertos y estaciones de tren, y hasta las dos bolsas del país, en Shanghai y Shenzhen, cesaron su actividad en los 9,5 millones de kilómetros cuadrados del territorio. Y sus 1.350 millones de habitantes mostraron su dolor por la tragedia. «Es la primera vez que veo algo así», reconoce Tao Mifang, estudiante de la Universidad de Fudan de 21 años. «Ha sido un gesto sentido por todos, nada que ver con la política. Estamos en estado de shock, quizá porque nunca antes habíamos visto una tragedia de forma tan cercana y en un momento tan importante, con los Juegos Olímpicos a sólo tres meses».

Las banderas ondean a media asta en todo el país, periódicos y páginas web, incluidos todos los buscadores de Internet, abandonan el color para ilustrar la tristeza del país en blanco y negro; todas las actividades culturales, incluido el recorrido de la antorcha olímpica, que se encuentra en la provincia oriental de Zhejiang, quedan suspendidas durante el luto; y se propagan los mensajes de móvil con un llamamiento para realizar donaciones, cuyo importe total ya roza los 1.000 millones de euros.

Banderas a media asta

Sólo una sexta parte de las pérdidas causadas por el terremoto, según la primera estimación oficial de daños materiales, que considera que tendrán un impacto del 0,2% en el crecimiento económico anual del país. El dolor traspasa fronteras e incluso en Estados Unidos se han podido ver banderas a media asta.

Coincidiendo con la primera semana desde que la tierra sacudió los cimientos de la provincia de Sichuán, según la agencia oficial de noticias Xinhua al menos doscientos efectivos de los equipos de rescate quedaron sepultados bajo barro y piedras debido a los continuos desprendimientos provocados por las más de cuatro mil réplicas que siguen atemorizando a los habitantes de la zona afectada.