LLEGADA. Juan B. G. sale del furgón policial junto a otros presos procedentes de Puerto II. / A. VÁZQUEZ
Ciudadanos

Ricardi será trasladado a El Puerto para ser interrogado otra vez ante el hallazgo de nuevos indicios

Juan B. G., uno de los detenidos por la oleada de violaciones, no confiesa su autoría en su primera declaración ante la jueza

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La titular del juzgado nº 2 de El Puerto de Santa María ha ordenado el secreto de sumario en el caso de la oleada de violaciones producidas años atrás. Además, ha pedido a instancias de la Fiscalía que trasladen hasta la localidad portuense a Rafael Ricardi para que pueda ser interrogado de nuevo ante el hallazgo de nuevos indicios años después de su condena.

Además, a primera hora de ayer, el preso cuyo ADN apareció en una de las diez víctimas de las violaciones cometidas hace más de diez años, era llevado ante la jueza del juzgado n º 2 de El Puerto para que prestara su primera declaración desde que los análisis biológicos lo implicaron directamente en este caso truculento. Juan B. G., que cumple condena por abusos a la hija de su pareja y tiene pendiente un juicio por malos tratos, se enfrentó al interrogatorio de la autoridad judicial, en presencia de la fiscal jefe y de los dos letrados de oficio que han asumido la defensa de los sospechosos desenmascarados recientemente por la Policía.

Este individuo, que en la actualidad tiene 53 años, no confesó su participación ni en una de las dos violaciones cometidas en Puerto Real, pese a que su ADN fue hallado en las prendas de la víctima, ni en las restantes nueve agresiones que la Policía le imputa. Según fuentes cercanas al caso, se limitó a dar evasivas, aunque no se negó a declarar. Tampoco reconoció que hubiera entablado amistad con el otro detenido, Fernando P. G., cuando ambos coincidieron en la cárcel. Así lo explicaron en su día los investigadores durante una rueda de prensa ofrecida en comisaría. Aunque sí que mostró cierto nerviosismo visible cuando se le mencionó a esta persona.

Al término de su declaración, regresó de nuevo a la prisión de Puerto II sin conocer aún qué medidas cautelares se adoptan contra él en este procedimiento. Al estar recluido, no hay tanta premura para cumplir plazos legales como el tiempo máximo que puede estar un ciudadano detenido antes de ser presentado ante la autoridad judicial.

Además, las diligencias iniciadas en su día por las diez violaciones están repartidas en los tres partidos judiciales donde se cometieron los hechos: El Puerto, Jerez y Puerto Real. Y en el día de ayer, los juzgados puertorrealeños no habían recibido aún los resultados de ADN pertenecientes a Juan B. G. y que le incriminan en una de las dos agresiones que ocurrieron en las inmediaciones de la estación de esa localidad. La unificación de todas las causas en una sola llegará cuando la Fiscalía o la jueza que ayer interrogó a Juan B. G. lo soliciten porque bajo su criterio existan pruebas contundentes de que la oleada de agresiones fueron perpetradas por las mismas personas.

En la edición de ayer, este periódico dio a conocer la existencia de un cuarto sospechoso que nunca fue apresado por la Policía Nacional. La pareja que fue asaltada en el primer ataque, ocurrido en el año 95 en La Calita de Vistahermosa, describió a uno de los dos violadores como un hombre de 1,80 metros y de ojos celestes. Estos rasgos no coinciden con ninguno de los dos sospechosos. Además, este individuo, que según las víctimas era el más alto, mostraba una actitud menos violenta frente a su compinche, de estatura inferior. En cambio, en el resto de agresiones estos papeles se intercambiaron y el agresor alto asumió el liderazgo en cada fechoría.

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